DÍAS
DE RETRIBUCIÓN
(PDF)
Una exposición del libro
de Apocalipsis
Título
de la obra en inglés:
Days of Vengeance
Por David Chilton
Tomado de Freebooks
Introducción
Autor y Fecha
Aunque la identidad del autor ha
sido objeto de mucho debate, en realidad no hay razón para dudar
de que es el mismo Juan que escribió el cuarto evangelio, como
lo
afirma el testimonio virtualmente unánime de la iglesia
primitiva.
Se identifica a sí mismo simplemente como "Juan" (1:1, 4,9;
21:2;
22:8), aparentemente suponiendo que sería reconocido por su
auditorio
del siglo primero basándose en su nombre solamente; y escribe
con
un estilo autorizado, "apostólico", no para individuos
solamente,
sino para la iglesia. Tomando en cuenta el gobierno altamente
organizado
de la iglesia, que existió desde su comienzo, es improbable que
nadie pudiese haber escrito de esta manera, salvo un apóstol
reconocido.
1
Además, hay numerosos puntos de semejanza entre el Apocalipsis y
el evangelio de Juan. Hasta un vistazo superficial revela varias
expresiones
(por ejemplo, Cordero de Dios, Verbo, y testigo),
que son comunes solamente al evangelio de Juan y a Apocalipsis;
ningún
otro escritor del Nuevo Testamento usa estos términos de la
misma
manera. 2
Austin Farrer
3
llama
la atención a cierto número de similitudes de estilo
entre
el evangelio y Apocalipsis: Ambos libros están dispuestos en
series
de "sietes"; 4
ambos
están estructurados en términos de la liturgia
bíblica/celestial
y el calendario festivo; y ambos libros usan números en un
sentido
simbólico que trasciende su significado literal (esto es obvio
en
Apocalipsis; comp. Juan 2:6; 19-20; 5:2,5; 6:7,9,13; 8:57; 13:38;
9:14,23;
21:11,14,15-17).
Hay varias indicaciones
bíblicas
de que Juan era sacerdote, y hasta de que procedía de la familia
del sumo sacerdote.5 Probablemente
su nombre era común en esa familia (comp. Hechos 4:6;
contrástese
con Lucas 1:61). Juan mismo nos habla de su estrecha relación
con
el sumo sacerdote: Por eso, en una ocasión extremadamente
sensitiva,
pudo tener acceso al patio del sumo sacerdote, usando su influencia con
la guardia para conseguir entrada para Pedro también (Juan
18:15-16).
Además, numerosas referencias tanto en el evangelio como en
Apocalipsis
revelan la desusada familiaridad de los autores de ambos libros con los
detalles del servicio del templo. Como observó Alfred Edersheim,
"los otros escritores del Nuevo Testamento se refieren a ellos en sus
narraciones,
o explican sus tipos, en un lenguaje que cualquier adorador bien
informado
en Jerusalén podría haber empleado. Pero Juan no escribe
como un israelita ordinario. Tiene ojos y oídos para detalles
que
otros habrían pasado por alto....
"En efecto, el Apocalipsis, como
un todo, puede asemejarse a los servicios del Templo en el hecho de que
mezcla los servicios proféticos con el culto y la alabanza. Pero
es especialmente notable que las referencias al Templo, que abundan en
el libro de Apocalipsis, tienen que ver con minucias, que un escritor
que
no hubiese estado tan familiarizado con tales detalles, como
sólo
el contacto personal y el compromiso con ellos podría haberlo
permitido,
apenas hubiese notado, y ciertamente no habría empleado como
parte
de sus imágenes. Ocurren de manera natural,
espontáneamente,
y tan inesperadamente que el lector está en peligro a veces de
pasarlos
por alto por completo; y en lenguaje que emplearía un
profesional,
y que vendría a él como resultado del ejercicio anterior
de su llamado. En efecto, algunas de las más llamativas de estas
referencias no podrían haber sido entendidas en absoluto sin los
tratados profesionales de los rabinos sobre el Templo y sus servicios.
Sólo la estudiada minuciosidad de las descripciones
rabínicas,
derivadas de la tradición de los testigos, no deja la misma
impresión
que las no estudiadas ilustraciones de Juan". 6
"Parece altamente improbable que
un libro tan lleno de alusiones litúrgicas al libro de
Apocalipsis
- y éstas, muchas de ellas, no a punnttos grandes o importantes,
sino
a minucias - haya sido escrito por alguien que no fuera un sacerdote,
alguien
que en alguna ocasión no hubiera podido participar de un
verdadero
servicio en el Templo mismo, y así llegara a familiarizarse
tanto
con sus detalles, que venían a él de manera natural, como
parte de las imágenes que empleaba." 7
En relación con esto, Edersheim
trae a colación un punto que es más importante para
nuestra
interpretación que el tema en debate de la autoría humana
de Apocalipsis (porque, en fin de cuentas, [véase Juan 1:1] este
libro es la revelación de Jesucristo). La íntima
familiaridad
de Juan con los minuciosos detalles del culto en el templo sugiere que
"el libro de Apocalipsis y el cuarto Evangelio deben haber sido
escritos
antes de que los servicios del templo hubiesen cesado efectivamente".8
Aunque
algunos eruditos han aceptado sin criticarla la afirmación de
Ireneo
(120-202 d.C.) de que la profecía apareció "hacia el fin
del reinado de Domiciano" (es decir, alrededor del año 96 d.
C.),
hay considerable lugar para dudar del significado preciso (puede que
haya
querido decir que el apóstol Juan mismo "fue visto" por
otros).
10
El
lenguaje de Ireneo es algo ambiguo; y, sin importar de qué
estaba
hablando, pudo haberse equivocado. 11
(Dicho sea de paso, Ireneo es la única fuente para la
fecha
tardía de Apocalipsis; todas las otras "fuentes" simplemente lo
citan a él. Por lo tanto, es más bien calculador por
parte
de los comentaristas afirmar, como lo hace Swete, que "la
tradición
cristiana primitiva sitúa a Apocalipsis, casi
unánimemente,
en los últimos años de Domiciano").12
Ciertamente, hay otros escritores primitivos cuyas afirmaciones indican
que Juan escribió el Apocalipsis mucho antes, bajo la
persecución
de Nerón. 13
Mucho de la moderna presunción
a favor de la fecha domiciánica se basa en la creencia de que
bajo
su reinado tuvo lugar una grande y sostenida persecución y
matanza
de cristianos. Esta creencia, tan querida como es, no parece estar
basada
en absoluto en ninguna fuerte evidencia. Aunque no hay duda de que
Domiciano
era un tirano cruel y malvado (he venido a enterrar un mito sobre
César,
no a alabarle), hasta el siglo quinto ningún historiador hizo
ninguna
mención de una supuesta persecución extendida de los
cristianos
por su gobierno. Es cierto que desterró temporalmente a algunos
cristianos; pero éstos fueron llamados de vuelta eventualmente.
Robinson observa: "Cuando esta purga limitada y selectiva, en la cual
con
seguridad ningún cristiano fue muerto, se compara con la matanza
de criastianos a manos de Nerón, en relación con la cual
dos testigos primitivos y completamente independientes hablan de
'inmensas
multitudes'; 14 es
asombroso que los comentaristas hayan sido guiados por Ireneo, que ni
siquiera
menciona una persecución, para preferir un contexto
domiciánico
para el libro de Apocalipsis". 15
Por lo tanto, nuestro camino
más
seguro debe ser estudiar el Apocalipsis mismo para ver qué
evidencia
interna ofrece en relación con su fecha. Como veremos a
través
de este comentario, el libro de Apocalipsis es principalmente una
profecía
de la destrucción de Jerusalén por los Romanos. Por
sí
solo, este hecho coloca a la autoría de Juan en algún
momento
antes de septiembre del año 70 d.C. Además, como veremos,
Juan habla de César Nerón como todavía en el trono
- y Nerón murió en junio del aaño 68.
Más importante que cualquiera
de estos hechos, sin embargo, es el hecho de que tenemos una
enseñanza
a
priori en las Escrituras mismas de que toda la revelación
terminó
como en el año 70 d. C. El ángel Gabriel le dijo a Daniel
que las "setenta semanas" habrían de terminar con la
destrucción
de Jerusalén (Dan. 9:24-27); y que ese período
serviría
también para "sellar la visión y la profecía"
(Dan.
9:24). En otras palabras, la revelación especial acabaría
- sería "sellada" - para el tiempo eenn que Jerusalén
sería
destruida. El canon de las Sagradas Escrituras se completó por
entero
antes de la caída de Jerusalén. 16
Atanasio
interpretó las palabras de Daniel de la misma manera:
"¿Cuándo
cesaron en Israel los profetas y las visiones? ¿No fue cuando
vino
Cristo, el Santísimo? Es, de hecho, una señal y una
prueba
notable de la venida del Verbo que Jerusalén ya no está
en
pie, ni se suscitan profetas, ni se revelan visiones entre ellos. Y es
natural que sea así, porque cuando el que habría de venir
vino, ¿qué más necesidad había
todavía
de nada para significarlo? Y cuando la Verdad había llegado,
¿qué
más necesidad había de la sombra? Sólo a cuenta de
Él profetizaban continuamente, hasta el tiempo en que hubiese
venido
la Justicia Esencial, el que había efectuado el rescate por los
pecados de todos. Por la misma razón, Jerusalén
permaneció
hasta el mismo tiempo, para que los hombres pudieran premeditar los
tipos
antes de que viniera la Verdad. Así que, por supuesto, una vez
que
el Santo de los Santos había venido, tanto la visión como
la profecía fueron sellados. Y el reino de Jerusalén
cesó
al mismo tiempo, porque los reyes de Jerusalén habían de
ser ungidos entre ellos solamente hasta que el Santo de los Santos
fuera
ungido....
"El hecho simple es, como digo,
que ya no hay ningún rey, ni profeta, ni Jerusalén, ni
sacrificio,
ni visión, entre ellos; y sin embargo, la tierra entera
está
llena del conocimiento de Dios, 17
y los gentiles, renunciando al ateísmo, ahora están
buscando
refugio en el Dios de Abraham por medio del Verbo, nuestro Señor
Jesucristo". 18
La muerte, resurrección,
y ascensión de Cristo marcaron el fin del antiguo pacto y el
principio
del nuevo; los apóstoles fueron comisionados para entregar el
mensaje
de Cristo en la forma del Nuevo Testamento; y cuando hubieron
terminado,
Dios envió a los edomitas y a los ejércitos romanos para
destruir por completo los últimos símbolos que quedaban
del
Antiguo pacto: el Templo y la Santa Ciudad. Por sí solo, este
hecho
es suficiente para establecer que Apocalipsis debe haber sido escrito
antes
del año 70 d. C. El libro mismo da abundante testimonio en
relación
con su fecha; pero, aún más, la naturaleza del Nuevo
Testamento
como la Palabra Final de Dios nos lo dice. La muerte de Cristo a manos
de los hijos apóstatas de Israel selló su suerte: El
Reino
les sería quitado (Mat. 21:33-43). Aunque la ira se colmó
"al extremo" (1 Tesa. 2:16), Dios detuvo su mano de juicio hasta que se
escribiera el documento del Nuevo pacto. Habiendo hecho esto, Él
terminó dramáticamente el reino de Israel, borrando la
generación
perseguidora (Mat. 23:34-36; 24:34; Luc. 11:49-51). La
destrucción
de Jerusalén fue el último trompetazo, dando la
señal
para que se consumara el misterio de Dios (Apoc. 10:7). No
habría
más escritos canónicos una vez que Israel hubiese
desaparecido.
Desde su exilio en la isla de Patmos,
Juan dirigió el Apocalipsis a las iglesias de las siete ciudades
principales de Asia Menor. Estas siete ciudades, conectadas por una
carretera
semicircular a través del interior de la provincia,
servían
como estaciones postales para sus distritos. "Así, un mensajero
de Patmos llegaba a Éfeso, viajaba al norte a través de
Esmirna
y hasta Pérgamo, y de allí al sureste a través de
las otras cuatro ciudades, dejando una copia del libro en cada una para
que de allí circulara de modo secundario en su distrito. Por
supuesto,
el número 'siete' se usa constantemente en el simbolismo del
libro
de Apocalipsis, pero no debemos permitir que este hecho oscurezca la
circunstancia
de que el libro está dirigido a siete iglesias reales en
ciudades
situadas idealmente para servir como puntos de distribución". 19
Asia Menor era un destino
significativo
por dos razones: Primero, después de la caída de
Jerusalén,
la provincia de Asia se convertiría en el centro más
influyente
del cristianismo en el Imperio Romano: "La provincia de Asia
surgió
como el área en que el cristianismo era más fuerte, con
Éfeso
como su punto radial". 20
Segundo, Asia era el centro del culto de adoración a
César.
"Inscripción tras inscripción testifica de la lealtad de
las ciudades hacia el Imperio. En Éfeso, en Esmirna, en
Pérgamo,
y de hecho por toda la provincia, la Iglesia fue confrontada por un
imperialismo
que era popular y patriótico, y tenía las
características
de una religión. En ninguna parte era el culto a César
más
popular que en Asia." 21
Después de la muerte de Julio
César (29 a. C.), se construyó en Éfeso un templo
para honrarle como divus (dios). Los Césares que le
siguieron
no esperaron que la muerte proveyera tales honores y, comenzando con
Octaviano,
afirmaron su propia divinidad, exhibiendo sus títulos de deidad
en templos y monedas, particularmente en las ciudades de Asia.
Octaviano
cambió su nombre por el de Augusto, un título de suprema
majestad, dignidad, y reverencia. Fue llamado el Hijo de Dios,
y,
como el mediador divino-humano entre el cielo y la tierra,
ofrecía
sacrificios a los dioses. Fue ampliamente proclamado como Salvador del
mundo, y las inscripciones en sus monedas eran francamente
mesiánicas
- declarando el mensaje en ellas, como ha eesscrito Stauffer, que "la
salvación
no ha de encontrarse en nadie sino en Augusto, y que no hay otro nombre
dado a los hombres en el cual puedan ser salvos". 22
Esta postura era común a
todos los Césares. César era Dios; César era
Salvador;
César era el único Señor. Y reclamaban, no
sólo
los títulos, sino también los derechos de la deidad.
Cobraban
impuestos y confiscaban propiedades a voluntad, tomaban las esposas (y
los esposos) para su propio placer, causaban escasez de alimentos,
ejercían
el poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en general,
intentaban
gobernar cada aspecto de la realidad por todo el imperio. La
filosofía
de los Césares puede resumirse en una frase que se usaba
más
y más, con el correr del tiempo: ¡César es
Señor!
Este era el principal punto en disputa
entre Roma y los cristianos: ¿Quién es Señor?
Francis
Schaeffer señala: "No olvidemos por qué eran muertos los
cristianos. No eran muertos porque adoraban a Jesús... A
nadie le importaba quién adoraba a quién, con tal de que
el adorador no trastornara la unidad del estado, que se centraba en la
adoración formal a César. La razón de que los
cristianos
fueran muertos era porque eran rebeldes... Adoraban a Jesús como
Dios, y adoraban sólo al Dios infinito y personal. Los
Césares
no tolerarían esta adoración del único Dios solamente.
Esto se consideraba como traición". 23
Para Roma, la meta de cualquier
verdadera moralidad y piedad era la subordinación de todas las
cosas
al estado; el hombre religioso y piadoso era el que reconocía,
en
cada momento de su vida, la centralidad de Roma. "La función de
la religión romana era pragmática, para servir como
cemento
social y sostener al estado". 24 Así,
observa R. J. Rushdoony, "al marco de los actos religiosos y familiares
de la piedad era Roma misma, la comunidad central y más sagrada.
Roma controlaba estrictamente todos los derechos de
organización,
asambleas, reuniones religiosas, clubes, y reuniones en las calles, y
no
soportaba ninguna posible rivalidad a su centralidad... Sólo el
estado podía organizar; los ciudadanos no, excepto como
conspiración.
Sólo por esto, la bien organizada Iglesia Cristiana era una
ofensa
y una afrenta al estado, y una organización ilegal que en
seguida
era sospechosa de conspiración". 25
El testimonio de los apóstoles
y la iglesia primitiva era nada menos que una declaración de
guerra
contra las pretensiones del estado romano. Juan afirmó que
Jesús
es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16); que él
es,
de hecho, "el verdadero Hijo de Dios y la vida eterna" (1 Juan
5:20-21).
Poco después de Pentecostés, el apóstol Pedro
declaró:
"Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro
nombre
bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos
4:12).
"Así, el conflicto del cristianismo con Roma era político
desde la perspectiva romana, aunque religioso desde la perspectiva
cristiana.
A los cristianos nunca se les pidió que adoraran a los dioses
paganos
de Roma; apenas se les pidió reconocer la primacía
religiosa
del estado. Como observó Francis Legge: 'En el tiempo de la
persecución,
los oficiales del Imperio Romano buscaban forzar a los cristianos a
ofrecer
sacrificios, no a cualesquiera dioses paganos, sino al Genio del
Emperador
y la Fortuna de la Ciudad de Roma; y en todo momento el rechazo de los
cristianos fue visto, no como una ofensa religiosa, sino
política...'
Entonces, el punto en disputa era éste: ¿Debería
la
ley del emperador, la ley del estado, gobernar tanto al estado como a
la
iglesia, o estaban bajo la ley de Dios tanto el estado como la iglesia,
tanto el emperador como el obispo? ¿Quién representaba el
orden verdadero y final, Dios o Roma, la eternidad o el tiempo? La
respuesta
romana era Roma y el tiempo, y de aquí que el cristianismo
constituyera
una fe traicionera y una amenaza para el orden político". 26
El cargo levantado por los acusadores
judíos durante un juicio contra cristianos en el siglo primero
era
el de que "contravenían los decretos de César, diciendo
que
hay otro rey, Jesús" (Hechos 17:7). Esta era la acusación
fundamental contra todos los cristianos del Imperio. El capitán
de la policía rogaba al anciano Obispo de Esmirna, Policarpo,
que
renunciara a esta posición extrema: "¿Qué mal hay
en decir que César es Señor?" Policarpo
rehusó,
y fue quemado en la estaca. Miles sufrieron el martirio precisamente
por
esta causa. Para ellos, Jesús no era "Dios" en algún
sentido
irrelevante, de allá arriba; Él era el único Dios,
plenamente soberano en todas las áreas. Ningún aspecto de
la realidad podría estar fuera de sus demandas. Nada era
neutral.
La Iglesia confrontó a Roma con el inflexible reclamo de la
autoridad
imperial de Cristo: Jesús es el Hijo unigénito;
Jesús
es Dios; Jesús es Rey; Jesús es Salvador; Jesús es
Señor. Aquí había dos imperios, ambos intentando
un
absoluto dominio mundial; y estaban implacablemente en guerra. 27
Era necesario que las iglesias de
Asia reconocieran esto plenamente, con todas sus implicaciones. La fe
en
Cristo Jesús requiere absoluta sumisión a su
señorío,
en todo momento, sin medias tintas. La confesión de Cristo
significaba
conflicto con el estatismo, particularmente en las provincias donde se
requería el culto oficial a César para las transacciones
de los asuntos cotidianos. El no reconocer los reclamos del estado
resultaría
en apuros económicos y la ruina, y a menudo la cárcel, la
tortura, y la muerte.
Algunos cristianos intentaron llegar
a un arreglo intermedio haciendo una distinción no
bíblica
entre el corazón y la conducta, como si uno pudiera tener fe sin
obras. Pero el reino de Cristo es universal: Jesús es
Señor
de todos. Para reconocerle verdaderamente como Señor, debemos
servirle
en todas partes. Este era el mensaje principal del Apocalipsis para los
cristianos en Asia, un mensaje que necesitaban oir desesperadamente.
Vivían
en el corazón mismo del trono de Satanás, el asiento del
culto al Emperador; Juan escribió para recordarles su verdadero
Rey, su posición con Él como reyes y sacerdotes, y la
necesidad
de perseverar en términos de su Verbo soberano.
El Apocalipsis y
el pacto
El Libro de Apocalipsis es parte
de la Biblia. Al primer vistazo, esto puede no parecer una
penetración
brillante, pero es un punto tanto crucialmente importante como
universalmente
descuidado en la práctica real de la exposición. Porque,
tan pronto como reconocemos que Apocalipsis es un documento
bíblico,
nos vemos obligados a hacernos una pregunta central: ¿Qué
clase de libro es la Biblia? Y la respuesta es ésta: La
Biblia
es un libro (El Libro) acerca del pacto. La Biblia no es
una
enciclopedia de conocimiento religioso. Ni una colección de
relatos
morales, ni una serie de estudios de psicología personal de los
grandes héroes de antaño. La Biblia es la
revelación
escrita de Dios acerca de Sí mismo, la historia de su venida a
nosotros
en el Mediador, el Señor Jesucristo; y es la historia de la
relación
de la Iglesia con Él por medio del pacto que Él ha
establecido
con ella.
El pacto es el significado de la
historia bíblica (la historia bíblica no es
principalmente
historias de aventuras). El pacto es el significado de la ley
bíblica
(la Biblia no es principalmente un tratado político sobre
cómo
establecer una República Cristiana). Y el pacto es el
significado
de la profecía bíblica también (la profecía
bíblica no es "predicción" en el sentido oculto de
Nostradamus,
Edgar Cayce, y Jean Dixson). Para el hombre, los profetas eran los
emisarios
legales de Dios para Israel y las naciones, actuando como procuradores
que traían lo que se ha venido a conocer entre los eruditos
recientes
como "El Proceso Legal del pacto".
Que la profecía bíblica
no es simplemente "predicción" queda indicado, por ejemplo, en
la
afirmación de Dios por medio de Jeremías:
En un instante
hablaré
contra pueblos, y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir.
Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual
hablé,
yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y
en
un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y
para
plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz,
me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
(Jer.
18:7-10).
El propósito de la
profecía
no es "predecir", sino evaluar la respuesta ética del hombre a
la
Palabra de mando y promesa de Dios. Es por esto por lo que la
profecía
de Jonás sobre Nínive no "se cumplió":
Nínive
se arrepintió de su maldad, y la calamidad fue alejada. Como los
otros escritos bíblicos, el Libro de Apocalipsis es una
profecía,
con una específica orientación de pacto y una referencia
a él. Cuando se ignora el contexto de pacto de la
profecía,
el mensaje que Juan trataba de comunicar se pierde, y Apocalipsis se
convierte
en nada más que un vehículo para avanzar las
teorías
escatológicas del pretendido expositor.
Consideremos un ejemplo de menor
importancia: Apocalipsis 9:16 nos cuenta de un gran ejército de
jinetes, que suman "miríadas de miríadas". En algunos
textos
griegos, se dice que son dos miríadas de miríadas,
y algunas veces se traduce como 200 millones. Toda clase de
explicaciones
fantásticas y artificiales se han propuesto para esto.
Quizás
la teoría mejor conocida de tiempos recientes es la
opinión
de Hal Lindsey de que "estos 200 millones de soldados son chinos rojos
acompañados por otros aliados orientales. Es posible que el
poderío
industrial de Japón se una al de China roja. Por primera vez en
la historia, Occidente será completamente invadido por Oriente".
28
Tales adivinanzas pueden o no pueden ser exactas con relación a
una venidera invasión china, pero no nos dice absolutamente nada
acerca de la Biblia. Para ayudar a poner el punto de vista de Lindsey
en
una perspectiva histórica, lo compararemos con el de J. L.
Martin,
un predicador del siglo diecinueve que, aunque compartía las
presuposiciones
básicas de Lindsey sobre la naturaleza y el propósito de
la profecía, llegó a una conclusión diferente y
divertida,
de que los "200 millones" de Juan representaban "la fuerza de combate
de
mundo entero" de 1870. Nótese el razonamiento astutamente
científico
de Martin, semejante al de Lindsey:
Tenemos poco
más
de mil millones de habitantes en la tierra... Pero de esos mil
millones,
como quinientos millones (la mitad) son mujeres; y de ese
número,
como la mitad son menores de edad, quedando sólo doscientos
cincuenta
millones de varones adultos en la tierra al mismo tiempo. Pero de ese
número
de varones adultos, como la quinta parte son jubilados -- demasiado
viejos
para combatir. Estos son hechos estadísticos. Esto nos deja
exactamente
los doscientos millones de combatientes sobre la tierra de Juan. Y
cuando
demostramos algo matemáticamente, creemos que está
bastante
bien hecho. 29
Pero Martin está sólo
tomando el ritmo. Continúa con su exposición, haciendo la
aterradora descripción de los soldados en 9:17-19: "Así
vi
en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían
corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos
eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo, y
azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los
hombres;
por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el
poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus
colas,
semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas
dañaban".
Aunque los modernos apocalipsistas consideran esto en términos
de
lásers y lanzadores de misiles, Martin tenía una
explicación
diferente - una explicación de acuerdo con el estado del arte
militar
en sus días, cuando Buffalo Bill combatía a los indios
Sioux
como jefe de los exploradores del Quinto de Caballería del
General
Sheridan:
Juan señala al
modo
moderno de combatir a caballo, con el jinete inclinado hacia adelante,
el cual, como él lo ve, y como lo ve alguien que mire desde
cierta
distancia, se parecería a la gran melena de un león; el
hombre
inclinado sobre el cuello de su caballo. Al combatir con armas de
fuego,
tendría que inclinarse hacia adelante para disparar, no fuera a
ser que hiriera al mismo caballo sobre el cual cabalgaba. En los
días
de Juan, la postura era muy diferente... Ahora, quiero preguntar a mis
amigos oyentes: ¿No se cumple esto tan literalmente delante de
nuestros
ojos como puede cumplirse? ¿No están todas las naciones
envueltas
en este tipo de guerra? ¿No se matan los hombres con fuego y
azufre?
... ¿No saben que esto es sólo pólvora encendida?
Podría un hombre no inspirado, a finales del siglo primero,
haber
hablado de este tema? 30
A menos que veamos el libro de
Apocalipsis
como un documento de pacto - es decir, si insistimos en leerlo
principalmente
ya sea como una predicción de armas nucleares del siglo veinte o
como una polémica contra la Roma del siglo primero - su
continuidad
con el resto de la Biblia se perderá. Se convierte en un
apéndice
escatológico, una visión de "las últimas cosas",
que
ultimadamente tiene poco que ver con el mensaje, el propósito, y
los intereses de la Biblia. Una vez que entendemos el carácter
del
Apocalipsis como un Proceso de pacto, sin embargo, deja de ser un libro
"extraño", "misterioso"; ya no es incomprensible para nosotros
como
Isaías y Amós. De salida, el Libro de Apocalipsis debe
ser
visto en su carácter de revelación
bíblica.
Captar este solo punto puede significar un "salto cuántico" en
la
interpretación; porque, como explicó Geerhardus Vos en
sus
novedosos estudios de teología bíblica, "la
revelación
está conectada, toda ella, con la suerte de Israel". 31
La relación de Dios con Israel
siempre se definió en términos del pacto, el lazo
matrimonial
por medio del cual Dios unió a Israel a sí mismo como su
pueblo especial. Este pacto era un arreglo legal, un "contrato"
obligatorio
impuesto sobre Israel por su Rey, que estipulaba mutuas obligaciones y
promesas. Meredith Kline ha mostrado que la estructura del pacto
bíblico
exhibe notables similitudes con la forma establecida para los tratados
de paz en el Cercano Oriente antiguo. 32
Funcionaba de esta manera: Después de una guerra, el rey
victorioso
hacía un pacto con su enemigo derrotado, haciendo ciertas
promesas
y garantizando protección a condición de que el
rey-vasallo
y todos los que estaban bajo su autoridad obedecieran a su nuevo
señor.
Tanto el señor como el vasallo hacían juramento, y de
allí
en adelante estaban unidos en pacto.
Como explica Kline, la forma de
tratado corriente en el mundo antiguo estaba estructurada en cinco
partes,
todas las cuales aparecen en los pactos bíblicos:
1. Preámbulo (que
identificaba el señorío del Gran Rey, subrayando tanto su
trascendencia [grandeza y poder] como su inmanencia [cercanía y
presencia]);
2. Prólogo
Histórico
(que examinaba la anterior relación del señor con el
vasallo,
enfatizando especialmente las bendiciones concedidas);
3. Estipulaciones
Éticas
(que exponían las obligaciones del vasallo, su "guía de
ciudadanía"
en el pacto);
4. Sanciones (que
bosquejaban las
bendiciones por la obediencia y las maldiciones por la desobediencia);
5. Las Disposiciones de la
Sucesión
(que tenían que ver con la continuidad de la relación de
pacto en las generaciones futuras).
Uno de los mejores ejemplos de un
documento
escrito en esta forma de tratado es el libro de Deuteronomio, que Kline
examina en detalle en su Tratado del Gran Rey. (Recientemente,
el
análisis de Kline fue aumentado considerablemente en la obra de
mayor orientación teológica de Ray R. Sutton, That
You
May Prosper). 33
La exposición de Kline muestra cómo Deuteronomio se
divide
naturalmente en las cinco secciones de pacto:
Deuteronomio
1. Preámbulo (1:1-5)
2. Prólogo
Histórico
(1:6-4:49)
3. Estipulaciones Éticas
(5:1-26:19)
4. Sanciones (27:1-30:20)
5. Disposiciones de la
Sucesión
(31:1-34:12)
Si un rey vasallo violaba los
términos
del pacto, el señor enviaba mensajeros al vasallo, advirtiendo a
los violadores acerca de juicios venideros, en los cuales se
harían
cumplir las maldiciones-sanciones del pacto. Esto resulta ser la
función
de los profetas bíblicos, como mencioné antes: Eran
fiscales
acusadores, que traían el mensaje de Dios del Proceso de pacto a
las naciones violadoras de Israel y Judá. Y la estructura del
proceso
siempre seguía el modelo de la estructura original del pacto. En
otras palabras, de la misma manera que los pactos bíblicos
mismos
siguen el modelo de la estructura de tratado de cinco partes, las
profecías
bíblicas siguen también la forma de tratado. 34
Por ejemplo, la profecía de Oseas está ordenada de
acuerdo
con el siguiente bosquejo:
Oseas
1. Preámbulo (1)
2. Prólogo
histórico
(2-3)
3. Estipulaciones éticas
(4-7)
4. Sanciones (8-9)
5. Disposiciones de la
sucesión
(10-14)
Como muchas otras profecías
bíblicas, el Libro de Apocalipsis es una profecía de ira
del pacto contra el Israel apóstata, que irrevocablemente se
apartó
del pacto al rechazar a Cristo. Y, como muchas otras profecías
bíblicas,
el libro de Apocalipsis está escrito en forma de proceso de
pacto,
con cinco partes, conformándose a la estructura de tratado de
pacto.
Esta tesis será demostrada en el comentario: a manera de
introducción,
sin embargo, será de ayuda echar un vistazo a algunos de los
puntos
principales que llevan a esta conclusión. (También, he
provisto
una introducción para cada una de las cinco partes de
Apocalipsis,
correlacionando el mensaje de cada sección con el pasaje
apropiado
en el libro de Deuteronomio).
Para captar la estructura en cinco
partes de Apocalipsis, primero debemos considerar cómo se
relaciona
la profecía de Juan con el mensaje de Levítico 26. Como
Deuteronomio
28, Levítico 26 establece las sanciones del pacto: Si Israel
obedece
a Dios, será bendecido en cada una de las áreas de la
vida
(Lev. 26:1-13; Deut. 28:1-14); sin embargo, si desobedece, será
visitado con las maldiciones, descritas con horrible detalle (Lev.
26:14-39;
Deut. 28:15-68). (Estas maldiciones fueron derramadas más
plenamente
en la progresiva desolación de Israel durante los últimos
días, culminando en la gran tribulación de los
años
67-70 d. C., como castigo por su apostasía y el rechazo de su
Verdadero
Esposo, el Señor Jesucristo). 35
Uno de los rasgos notables del pasaje de Levítico es el de que
las
maldiciones están dispuestas en un patrón especial:
Cuatro
veces en este capítulo dice Dios: "Os castigaré siete
veces
por vuestros pecados" (Lev. 26:18, 21, 24, 28). El número siete,
como veremos en abundancia a través de Apocalipsis, es un
número
bíblico que indica calidad de completo o plenitud (tomado del
patrón
de siete días establecido en la creación en
Génesis
1). 36
El número
cuatro se usa en las Escrituras en relación con la tierra,
especialmente
la tierra de Israel; así, cuatro ríos fluían desde
Edén para regar toda la tierra (Gén. 2:10); la tierra,
como
el altar, se representa como teniendo cuatro confines (Isa. 11:12;
comp.
Éx. 27:1-2), de los cuales soplan los cuatro vientos (Jer.
49:36);
el campamento de Israel estaba dispuesto en cuatro grupos alrededor de
los lados del tabernáculo (Núm. 2); y así
sucesivamente
(vea su concordancia y su diccionario bíblico). Así que,
al hablar cuatro veces de castigarlos siete veces en Levítico
26,
Dios está diciendo que un juicio pleno y completo vendrá
sobre la Tierra de Israel por sus pecados. Este tema es tratado por los
profetas en sus amonestaciones a Israel:
Y enviaré sobre
ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para
matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la
tierra
para devorar y destruir. (Jer. 15:3)
Por lo cual así ha dicho
Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando
yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles,
espada,
hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias?
(Eze.
14:21)
Las imágenes de un
séptuple
juicio que viene cuatro veces se desarrolla más plenamente en el
libro de Apocalipsis, que está explícitamente dividido en
cuatro series de siete: Las cartas a las siete iglesias, la apertura de
los siete sellos, el sonar de las siete trompetas, y el derramamiento
de
las siete copas. 37
Al seguir así la estructura formal de la maldición de
pacto
en Levítico, Juan subraya la naturaleza de su profecía
como
una declaración de ira del pacto contra Jerusalén.
Los cuatro juicios están
precedidos por una visión introductoria, que sirve para resaltar
la trascendencia y la inmanencia del Señor - precisamente la
función
del preámbulo en los tratados de pacto. Al leer las cuatro
series
de juicios, encontramos que también se conforman al bosquejo del
tratado: Las siete cartas examinan la historia del pacto; los siete
sellos
tienen que ver con las estipulaciones específicas establecidas
en
la sección correspondiente del tratado de pacto; las siete
trompetas
invocan las sanciones del pacto; y los ángeles de las siete
copas
están involucrados tanto en la desheredad de Israel como en la
sucesión
de la iglesia en el nuevo pacto. Así:
Apocalipsis
1. Preámbulo:
Visión
del Hijo del Hombre (1)
2. Prólogo
histórico:
Las siete cartas (2-3)
3. Estipulaciones
éticas:
Los siete sellos (4-7)
4. Sanciones: Las siete
trompetas
(8-14)
5. Disposiciones de la
sucesión:
Las siete copas (15-22)
De esta manera, Juan ha combinado el
bosquejo de maldiciones en cuatro partes de Levítico 26 con el
familiar
bosquejo en cinco partes del proceso de pacto. La intersección
de
una maldición cuádruple y quíntuple se relaciona
con
otra dimensión de las imágenes bíblicas,
relacionada
con las leyes de restitución múltiple. Éxodo 22:1
ordena: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere,
por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro
ovejas".
James B. Jordan explica los aspectos simbólicos de este caso
legal:
"Estos animales en particular simbolizan a la humanidad en el sistema
de
sacrificios. Así, son presentados repetidamente como
analogías
preeminentes para los hombres (comp., por ej., Lev. 22:27, con Lev.
12)".
"Debemos notar aquí que el
verbo usado en Éxodo 22:1, 'matar', se usa casi siempre para
referirse
a hombres. Ralph H. Alexander comenta: 'El significado central de la
raíz
ocurre sólo tres veces (Gén. 43:16; Éx. 22:1; 1
Sam.
25:11). La raíz se usa sobre todo metafóricamente,
presentando
el juicio del Señor sobre Israel y sobre Babilonia como una
matanza'.
38
Nuevamente, esto apunta a un significado simbólico básico
de esta ley".
39
Jordan luego muestra que, en las
Escrituras, el buey representa en Israel principalmente al funcionario,
mientras la oveja representa al ciudadano ordinario, especialmente al
hombre
pobre. Por esta razón, se requiere la restitución
cuádruple
como castigo por la rebelión contra la autoridad. 40
El proceso de pacto está estructurado en términos de la
pena
de la restitución quíntuple, pues los que se rebelan
contra
el pacto se están rebelando contra su autoridad divinamente
ordenada;
y Juan trae a colación el proceso contra Israel porque
éste
se rebeló contra Jesucristo, su Señor y Sumo Sacerdote
(Heb.
2:17; 7:22-8:6).
Pero Cristo era también una
oveja, el Cordero sacrificatorio de Dios (Juan 1:29; Apoc. 5: 6, 9).
Fue
vendido injustamente (Mat. 26:14-15), y fue tratado "como cordero que
es
llevado al matadero" (Isa. 53:7). Además, los primeros
cristianos
eran mayormente pobres, y fueron perseguidos, oprimidos, y masacrados
por
los ricos y poderosos del Israel apóstata (Mat. 5:10-12; Luc.
6:20-26;
Sant. 5:1-6). De este modo, el Israel incrédulo trajo sobre
sí
todos los castigos y maldiciones del pacto, incluyendo la
restitución
cuádruple y quíntuple, así como la doble (Apoc.
18:6).
(Vale la pena también repetir lo que Ralph Alexander dijo sobre
la palabra "matar" en Éxodo 22:1: "La raíz se usa
predominantemente
de forma metafórica, presentando el juicio de Dios sobre Israel
y sobre Babilonia como una matanza". Como veremos, Juan presenta juntas
estas ideas, metafóricamente llamando a la Jerusalén
apóstata
de sus días Babilonia la Grande). La gran
tribulación,
que culminó en el holocausto del año 70 d. C., era la
restitución
exigida por su robo y por la matanza de los profetas del Antiguo
Testamento,
de los mártires del Nuevo Testamento, y del Señor
Jesucristo
(Mat. 21:33-45; 23:29-38; 1 Tesa. 2:14-16); y estos temas son
incorporados
en la estructura misma de Apocalipsis, el Proceso de pacto final.
Todo esto es enfatizado también
por el uso que Juan hace de la terminología profética del
proceso: la acusación de prostitución. A través de
las Escrituras, Israel es considerado como la Esposa de Dios; el pacto
es un enlace de matrimonio, y se espera que ella sea fiel a él.
Su apostasía contra Dios es llamada adulterio, e Israel es
identificado
como prostituta. Hay numerosos ejemplos de esto en los profetas:
¿Cómo te
has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en
ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. (Isa. 1:21)
Porque desde muy atrás rompiste
tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso,
sobre
todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas
como
ramera. (Jer. 2:20)
Y salió tu renombre entre
las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de
mi
hermosura que yo puse sobre tí, dice Jehová el
Señor.
Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituíste a causa de tu
renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya eras.
(Eze. 16: 14-15)
No
te alegres, oh Israel, hasta
saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote
de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. (Oseas
9:1)
A través de toda la Biblia,
es a Israel a quien los profetas característicamente condenan
como
ramera. 41 En
consecuencia, cuando Juan trae juicio contra Israel por su rechazo de
Cristo,
la gran apostasía de todos los tiempos (comp. Mat. 21:33-45),
él
apropiadamente la llama "la gran ramera... la madre de las rameras y de
las abominaciones de la tierra" (Apoc. 17:1, 5)
Hay otras indicaciones dentro de
la estructura de Apocalipsis de que el libro es un proceso de pacto
contra
Israel. Los cuatro juicios séptuplos están dispuestos en
conformidad general con el orden de la profecía de Jesús
contra Jerusalén en Mateo 24. 42
De este modo, las siete cartas (Apoc. 2-3) tratan de falsos
apóstoles,
persecución, ilegalidad, un amor que se enfría, y el
deber
de la perseverancia (comp. Mat. 24:3-5, 9-13); los siete sellos (Apoc.
4-7) tienen que ver con guerras, hambrunas, y terremotos (comp. Mat.
24:
6-8); las siete trompetas (Apoc. 8-14) hablan del testimonio de la
iglesia
al mundo, su huída al desierto, la gran tribulación, y el
falso profeta (comp. Mat. 24: 14-27); y las siete copas (Apoc. 15-22)
describen
el oscurecimiento del reino de la bestia, la destrucción de la
ramera,
la reunión de las águilas sobre el cadáver de
Jerusalén,
y el recogimiento de la iglesia al reino (comp. Mat. 24: 28-31).
Apocalipsis,
Ezequiel, y el Leccionario
Pero hay por lo menos otro factor
que ha influido grandemente en el bosquejo de Apocalipsis. Está
construido con gran apego a uno de los más famosos Procesos de
pacto
de todos los tiempos: la profecía de Ezequiel. La dependencia de
Apocalipsis del lenguaje y las imágenes de Ezequiel se ha
reconocido
por mucho tiempo; 43 un
erudito ha descubierto en Apocalipsis no menos de 130 referencias
separadas
a Ezequiel. 44
Pero Juan hace más que sólo alusiones literarias a
Ezequiel.
Lo sigue, paso a paso - tanto, que Philip Barrington pudo decir, con
sólo
una floja hipérbole: "Apocalipsis es Ezequiel re-escrito por los
cristianos. Su estructura fundamental es la misma. Su
interpretación
depende de Ezequiel. La primera mitad de ambos libros conduce a la
destrucción
de la Jerusalén terrenal; en la segunda se describe una
Jerusalén
santa y nueva. Hay una diferencia significativa. El lamento de Ezequiel
sobre Tiro es transformado en un lamento sobre Jerusalén, siendo
la razón que Juan desea trasladar a Jerusalén la nota de
condenación irrevocable que se encuentra en el lamento
sobre
Tiro. Aquí yace la verdadera diferencia entre los mensajes de
los
dos libros. Jerusalén, como Tiro, ha de desaparecer para
siempre".
45
Considérense
los paralelos más obvios:
1. La visión del
trono (Apoc. 4/Eze. 1)
2. El libro (Apoc. 5/Eze. 2-3)
3. Las plagas (Apoc. 6:
1-8/Eze.
5)
4. Los muertos bajo el altar
(Apoc.
6: 9-11/Eze. 6)
5. La ira de Dios (Apoc. 6:
12-17/Eze.
7)
6. El sello en las frentes de
los
santos (Apoc. 7/Eze. 9)
7. Los carbones del altar
(Apoc.
8/Eze. 10)
8. No más demora (Apoc.
10:1-7/Eze. 12)
9. Comer el libro (Apoc.
10:8-11/Eze.
2)
10. La medición del
templo
(Apoc. 11:1-2/Eze. 40-43)
11. Jerusalén y Sodoma
(Apoc.
11:8/Eze. 16)
12. La copa de la ira (Apoc.
14/Eze.23)
13. La viña de la tierra
(Apoc. 14:18-20/Eze. 15)
14. La gran ramera (Apoc.
17-18/Eze.
16, 23)
15. El lamento sobre la ciudad
(Apoc. 18/Eze. 27)
16. El festín de los
carroñeros
(Apoc. 19/Eze. 39)
17. La primera
resurrección
(Apoc. 20:4-6/Eze. 37)
18. La batalla con Gog y Magog
(Apoc. 20:7-9/Eze. 38-39)
19. La Nueva Jerusalén
(Apoc.
21/Eze. 40-48)
20. El río de vida
(Apoc.
22/Eze. 47)
Como señala M. D. Goulder, la
cercanía de la estructura de los dos libros - el "pegamiento"
paso
a paso entre Apocalipsis y Ezequiel - implica algo más que una
mera
relación literaria. "El pegamiento a nivel no es por lo
común
un rasgo de préstamo literario: por ejemplo, la obra del
cronista
está lejos de un pegamiento a nivel entre Samuel y Reyes, con su
maciza expansión del material del Templo, y su
extirpación
de las tradiciones del norte. Más bien, el pegamiento a nivel es
un rasgo de uso leccionario, como cuando la Iglesia establece la
lectura
de Génesis a la par con Romanos, o Deuteronomio a la par con
Hechos
... Además, es claro que Juan esperaba que sus profecías
fueran leídas durante el culto, porque dice: 'Bienaventurado el
que lee las palabras de esta profecía, y bienaventurados los que
oyen' (1:3) - la versión revisada [en inglés]
correctamente
traduce 'lee en voz alta'. En realidad, el hecho mismo de que
'él
repetidamente llama a su libro 'la profecía' lo alinea con las
profecías
del Antiguo Testamento, que eran familiares pues se leían en
público
durante el culto". 47
En otras palabras, desde el comienzo, el libro de Apocalipsis estaba
calculado
como una serie de lecturas en el culto durante todo el año de la
Iglesia, para ser leído en tándem con la profecía
de Ezequiel (como otras lecturas del Antiguo Testamento). Como
escribió
Austin Farrer en su primer estudio sobre Apocalipsis, Juan "seguramente
no creyó que se iba a leer una vez a las congregaciones y que
luego
sería usado para envolver pescado, como una carta pastoral".
48
La tesis de Goulder sobre Apocalipsis está apoyada
por los hallazgos en su libro reciente sobre los evangelios, The
Evangelists´
Calendar, que ha revolucionado los estudios del Nuevo Testamento al
poner a los evangelios en su adecuado contexto litúrgico. 49
Como muestra Goulder, los evangelios fueron escritos originalmente, no
como "libros", sino como lecturas seriales durante el culto, para
acompañar
las lecturas en las sinagogas (las iglesias del Nuevo Testamento). De
hecho,
arguye, "Lucas desarrolló su evangelio al predicar a su
congregación,
como una serie de cumplimientos del AT; y este desarrollo de series
litúrgicas
explica la estructura básica de su evangelio, que ha sido un
misterio
por tantos años". 50
Las estructuras tanto de Ezequiel como de Apocalipsis
se prestan en seguida para el uso leccionario serializado, como observa
Goulder: "En la división de Apocalipsis y de Ezequiel en
profecías
o visiones, unidades para los domingos sucesivos, el intérprete
dispone de poca discreción; un rasgo feliz, pues estamos
buscando
líneas divisorias claras y no controversiales. La mayoría
de los comentarios dividen el Apocalipsis como en cincuenta unidades, y
no difieren mucho. En la Biblia, Ezequiel está dividido en
cuarenta
y ocho capítulos, muchos de los cuales son evidententemente
profecías
solas que se sostienen por derecho propio. Además, la longitud
de
los capítulos de Ezequiel es pareja en términos
generales.
El libro cubre poco más de 53 páginas de texto en la
Versión
Revisada, y muchos capítulos son como de dos columnas (una
página)
de largo. Algunas de las divisiones son quizás cuestionables.
Por
ejemplo, el llamado de Ezequiel se extiende más allá del
muy breve cap. 2 hasta un final claro en 3:15, y el corto cap. 9
podría
considerarse junto con el 8; aunque hay algunos capítulos
enormes,
16, 23, y 40, que tienen más de cuatro columnas de largo, y que
se subdividen naturalmente. Pero ya habrá sido obvio para el
lector
un rasgo alentador: ambos libros se dividen como en cincuenta unidades,
y el año judeo(-cristiano) consiste de cincuenta o
cincuentiún
sábados/domingos. Así que tenemos lo que parece material
para un ciclo anual de Ezequiel inspirando un ciclo anual de visiones,
que entonces podrían leerse en las iglesias de Asia al lado de
Ezequiel,
y explicados en sermones a la luz de ellos". 51
Goulder luego proporciona una larga tabla que muestra lecturas
consecutivas
a través de Ezequiel y Apocalipsis, puestas al lado del
año
cristiano, de Pascua a Pascua; las correlaciones son asombrosas. 52
El énfasis pascual del Apocalipsis también
fue subrayado en un estudio efectuado por Massey Shepperd, casi veinte
años antes de que Goulder escribiera. 53
Shepperd demostró otro aspecto notable de la arquitectura de
Apocalipsis,
mostrando que la profecía de Juan está delineada de
acuerdo
con la estructura del culto de la iglesia primitiva - de hecho, que
tanto
su evangelio como el Apocalipsis "dan testimonio desde el punto de
vista
de la experiencia de la liturgia pascual de las iglesias de Asia". 54
La naturaleza leccionaria de Apocalipsis ayuda a explicar
la riqueza del material litúrgico en la profecía. Por
supuesto,
Apocalipsis no es un manual sobre cómo "hacer" un servicio de
culto;
más bien, es un servicio de culto, una liturgia dirigida en el
cielo
como un modelo para los que están en la tierra (y de paso nos
instruye
en el sentido de que el salón del trono de Dios es el
único
punto de vista adecuado para contemplar el conflicto terrenal entre la
Simiente de la mujer y la de la serpiente): "Tradicionalmente, y de
manera
bastante consciente, el culto de la iglesia ha estado modelado
según
las realidades divinas y eternas reveladas en [Apocalipsis]. La
oración
de la iglesia y su celebración mística son uno con la
oración
y la celebración del reino de los cielos. Así, pues, en
la
Iglesia, con los ángeles y los santos, a través de Cristo
el Verbo y el Cordero, inspirados por el Espíritu Santo, los
fieles
creyentes de la asamblea de los salvados ofrecen perpetua
adoración
a Dios el Padre Todopoderoso". 55
El dejar de reconocer la importancia de Apocalipsis para
la adoración cristiana ha empobrecido grandemente a muchas
iglesias
modernas. Para poner sólo un ejemplo: ¿Cuántos
sermones
se han predicado sobre Apocalipsis 3:20 - "He aquí, yo estoy a
la
puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a
él, y cenaré con él, y él conmigo" - sin
reconocer
la muy obvia referencia sacramental? Por supuesto que
Jesús
está hablando de la Santa Cena, invitándonos a cenar con
Él; ¿por qué no lo vimos antes? La razón
tiene
mucho que ver con una idea puritana de culto que viene, no de la
Biblia,
sino de los filósofos paganos.
Dom Gregory Dix, en su voluminoso estudio del culto
cristiano,
dio en el clavo: El puritanismo litúrgico no es
"protestante";
ni siquiera es cristiano. En vez de eso, es "una teoría general
sobre el culto, no específicamente protestante, ni realmente
limitada
a los cristianos de ninguna clase. Es la teoría de trabajo en la
cual se basa todo el culto musulmán. Fue compuesta por el poeta
romano Persio o el filósofo pagano Séneca en el siglo
primero,
y ellos sólo están desarrollando una tesis de los autores
filosóficos griegos que datan del siglo séptimo a. C. En
pocas palabras, la teoría puritana es que el culto es una
actividad
puramente mental, que ha de ejercerse por medio de una
'atención'
estrictamente psicológica a una experiencia subjetiva emocional
o espiritual... Contra esta teoría puritana de culto se alza
otra
- el concepto 'ceremonioso' del culto, cuyoo principio fundamental es
que
el culto como tal no es un ejercicio puramente intelectual y afectivo,
sino algo en el cual el hombre entero - tanto el cuerpo como el alma, y
sus poderes estéticos y volitivos, así como intelectuales
- deben participar por completo. Considera eel culto como un 'acto'
tanto
como una 'experiencia'". 56
Es esta visión "ceremoniosa" del culto la que se enseña
en
la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis. Puesto que toda la
acción
de Apocalipsis se ve desde el punto de vista del servicio de culto,
este
comentario asumirá la posición de que la estructura
litúrgica
de la profecía es fundamental para su correcta
interpretación.
La naturaleza de
Apocalipsis:
¿Apocalíptica?
El libro de Apocalipsis es tratado a menudo como ejemplo
del género "apocalíptico" de escritos, que
floreció
entre los judíos entre el año 200 a. C. y el año
100
d. C. No hay base para esta opinión en absoluto, y es
desafortunado
que se use siquiera la palabra apocalíptica para
describir
esta literatura. (Los mismos escritores de "apocalíptica" nunca
usaron el término en este sentido; más bien, los eruditos
han robado el término de Juan, que llamó a su libro "el
Apocalipsis
de Jesucristo"). De hecho, hay grandes diferencias entre los escritos
"apocalípticos"
y el libro de Apocalipsis.
Los "apocalipsistas" se expresaban en símbolos
inexplícitos e ininteligibles, y generalmente no tenían
en
realidad el propósito de hacerse entender. Sus escritos abundan
en pesimismo: no es posible un verdadero progreso, ni habrá
ninguna
victoria para Dios y su pueblo en la historia. Ni siquiera podemos ver
a Dios actuando en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo
está
empeorando más y más. Lo mejor que podemos hacer es
esperar
el fin - pronto. 57
Ferrell Jenkins escribe: "Para ellos, las fuerzas del mal tenían
aparentemente control en la era actual y Dios actuaría
sólo
en el tiempo del fin". 58
(Esto debería sonar familiar). Sintiéndose impotente en
presencia
del mal inexorable, el apocalipsista "podía por lo tanto dar
rienda
suelta a las más desbocadas especulaciones ... había
cancelado
este mundo y sus actividades, así que ni siquiera trataba
seriamente
de proporcionar soluciones factibles para sus problemas". 59
El resultado práctico era que los apocalipsistas rara vez se
preocupaban
de la conducta ética: "En fin de cuentas, su interés es
en
la escatología, no en la ética". 60
El enfoque de Juan sobre Apocalipsis es vastamente
diferente.
Sus símbolos no son oscuras divagaciones incubadas en una
imaginación
enfebrecida; están arraigados firmemente en el Antiguo
Testamento
(y la razón de esa aparente oscuridad es ese mismo
hecho:
Tenemos problemas para entenderlos sólo porque no conocemos
nuestras
Biblias). En contraste con los apocalipsistas, que habían
renunciado a la historia, "Juan presenta la historia como el escenario
de la redención divina". 61
Leon Morris describe la visión mundial de Juan: "Para él,
la historia es la esfera en la cual Dios ha forjado la
redención.
Lo realmente crítico en la historia de la humanidad ya ha tenido
lugar, y tuvo lugar aquí, en esta tierra, en los asuntos de los
hombres. El Cordero 'como inmolado' domina el libro entero. Juan ve a
Cristo
como victorioso y como habiendo ganado la victoria por medio de su
muerte,
un suceso en la historia. Su pueblo comparte su triunfo, pero ha
derrotado
a Satanás 'por la sangre del Cordero y por la palabra de su
testimonio'
(Apoc. 12:11). El pesimismo que difiere la actividad salvadora de Dios
hasta el fin está ausente. Aunque Juan pinta el mal
realísticamente,
su libro es fundamentalmente optimista". 62
Los
apocalipsistas decían: El mundo está
llegando a su fin. ¡Renuncien! Los profetas bíblicos
decían:
El
mundo se acerca a su principio. ¡Pónganse a trabajar!
Por eso, el libro de Apocalipsis no es un tratado
apocalíptico; en vez de eso, como el mismo Juan nos lo recuerda
repetidamente, es una profecía (1:3; 10:11; 22:7, 10,
18-19),
en completa armonía con los escritos de otros profetas
bíblicos.
Y - nuevamente en completo contraste con los apocalipsistas - si
había
una gran preocupación entre los profetas bíblicos, era la
conducta ética. Ningún escritor bíblico
reveló
jamás el futuro meramente para satisfacer la curiosidad: La meta
fue siempre dirigir el pueblo de Dios hacia una acción correcta
en el presente. La abrumadora mayoría de las profecías
bíblicas
no tenía nada que ver con el concepto erróneo y muy
común
de que la "profecía" predecía el futuro. Los profetas
hablaban
del futuro sólo para estimular una vida piadosa. Como
escribió
Benjamin Warfield: "Debemos tratar de conservar fresco en nuestras
mentes
el gran principio de que toda profecía es ética en su
propósito,
y que este fin ético controla, no sólo lo que será
revelado en general, sino también los detalles de él, y
la
forma misma que toma". 63
El hecho de que muchos de los que estudian los escritos
proféticos hoy día están interesados en encontrar
posibles referencias a viajes espaciales y armas nucleares, más
bien que en descubrir los mandamientos de Dios para la vida, es un
repugnante
tributo a una fe superficial e inmadura. "El testimonio de Jesús
es el espíritu de profecía" (Apoc. 19:10); ignorar a
Jesús
en favor de estallidos atómicos es una perversión de las
Escrituras, una blasfema deformación de la Palabra de Dios. De
principio
a fin, Juan está intensamente interesado en la conducta
ética
de sus lectores:
Bienaventurado el
que lee, y los que oyen las
palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas.
(1:3)
Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas.
(16:15)
Bienaventurado el que guarda las palabras de la
profecía
de este libro. (22:7)
Bienaventurados los que guardan sus mandamientos.
(22:14)
El simbolismo de
Apocalipsis
A menudo, la profecía ha sido llamada "la historia
escrita por anticipado". 64
Sin embargo, como ya hemos visto, la profecía es principalmente
un mensaje de los emisarios de Dios dentro del marco del pacto,
dirigida
en términos de las estipulaciones y sanciones establecidas en la
ley bíblica. No es simplemente "predicción". Ciertamente,
los profetas sí predecían los sucesos futuros en la
historia,
pero no en la forma de escritos históricos. En vez de eso, los
profetas
usaban símbolos y figuras tomados prestados de la historia, de
la
cultura circundante, y de la creación. La mayoría de los
errores que se cometen al interpretar a los profetas se derivan del
descuido
de este principio. Una vez oí a un pastor presentar una
conferencia
muy sincera y emocionante sobre las estaciones espaciales y los viajes
interplanetarios usando Apocalipsis 21:10 como su texto. Sólo en
la era moderna de los viajes espaciales, observó, podría
cumplirse la profecía de la Nueva Jerusalén. En general,
fue un discurso muy agradable, y una maravillosa demostración de
la riqueza de conocimiento del pastor en el campo de la ciencia
ficción;
pero el fascinado auditorio salió de la reunión por lo
menos
tan ignorante de las Escrituras como cuando comenzó.
La Biblia es literatura: Es literatura divinamente
inspirada e infalible, pero literatura al fin. Esto significa que
debemos
leerla
como literatura. Algunas partes han de entenderse literalmente, y
están
escritas de esta manera - como historia, o proposiciones
teológicas,
o lo que sea. Pero uno no esperaría leer los Salmos o el Cantar
de los Cantares de Salomón con las mismas normas literarias
usadas
para el Libro de Romanos. Sería como leer el soliloquio de
Hamlet
"literalmente": "Las hondas y las flechas de la ultrajante
fortuna
... tomar las armas contra un mar de dificultades..." No
podemos
entender lo que la Biblia significa realmente (literalmente) a menos
que
apreciemos su uso de los estilos literarios.
¿Entenderíamos
el Salmo 23 correctamente si lo tomáramos "literalmente"? En vez
de eso, ¿no sonaría un poco tonto? De hecho, si se toma
literalmente,
no sería correcto: porque me atrevo a decir que el
Señor
no
hace descansar a todos los cristianos en delicados pastos. Pero, por lo
general, no cometemos estos toscos errores al leer la poesía
bíblica.
Sabemos que está escrita en un estilo que a menudo hace uso de
imágenes
simbólicas. Pero debemos darnos cuenta de que con los profetas
sucede
lo mismo: Ellos, también, hablaban en figuras y símbolos,
extrayendo material de una rica herencia de imágenes
bíblicas
que comenzó en el jardín de Edén. 65
En
realidad, es en el paraíso donde comenzó
la profecía. Vale la pena notar que la misma primera promesa del
Redentor venidero fue expresada en términos altamente
simbólicos.
Dios dijo a la serpiente:
Y pondré enemistad entre tí y
la
mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te
herirá
en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
(Gén.
3: 15)
Obviamente, esto no es simplemente "historia escrita por
anticipado". Es una declaración simbólica, en gran medida
una obra con el lenguaje evocador y poético usado a
través
de la Biblia, y especialmente en Apocalipsis. De hecho, Juan nos dice
claramente
en su frase inicial que Apocalipsis está escrito en signos,
en símbolos. Juan no tenía el propósito de que
Apocalipsis
se leyera como se lee un periódico o un análisis del
mercado
de acciones. Esperaba que su auditorio respondiera a su profecía
en términos del sistema de simbolismo de la propia Biblia.
Repito: el sistema de simbolismo de la propia Biblia.
El significado de un símbolo no es cualquier cosa que elijamos;
ni Juan creó las imágenes del Libro de Apocalipsis en su
propia imaginación. Juan presenta a Cristo a sus lectores como
un
León y como un Cordero, no porque él crea que son
imágenes
bonitas, sino a causa de las connotaciones de los leones y los corderos
ya establecidas en la Biblia. Por esto, el Libro de Apocalipsis nos
dice
desde el comienzo que su modelo de interpretación es la Biblia
misma.
El libro está lleno de alusiones al Antiguo Testamento. Merrill
Tenney dice: "Está lleno de referencias a sucesos y personajes
del
Antiguo Testamento, y mucha de su fraseología está tomada
directamente de los libros del Antiguo Testamento. Por extraño
que
parezca, no hay en Apocalipsis ni una sola cita directa del Antiguo
Testamento
con una declaración de que se está citando un pasaje
dado;
pero un conteo de las alusiones significativas que son rastreables
tanto
por un parecido verbal como por una conexión contextual al canon
hebreo resulta en trescientas cuarenta y ocho. De éstas,
aproximadamente
noventa y cinco son repetidas, así que el número real de
diferentes pasajes del Antiguo Testamento que se mencionan son casi
doscientos
cincuenta, o sea, un promedio de más de diez por cada
capítulo
de Apocalipsis. 66
La cuenta de Tenney de 348 claras referencias en el Nuevo Testamento se
desglosa como sigue: 57 del Pentateuco, 235 de los Profetas, y 56
más
de los libros históricos y poéticos. 67
Tenney admite que sus cifras son conservadoras; hasta
se podría decir que extremadamente conservadoras. Sin embargo,
aún
usando sus cifras, es obvio que el Libro de Apocalipsis depende del
Antiguo
Testamento mucho más que ningún otro libro del Nuevo
Testamento.
Este hecho solo debería advertirnos que no podemos comenzar a
desentrañar
su significado sin un sólido entendimiento de la Biblia como un
todo. Las iglesias primitivas tenían este entendimiento. El
evangelio
había sido predicado primero a los judíos y a los
prosélitos
gentiles; a menudo, las iglesias habían sido formadas por
creyentes
en las sinagogas, y esto ocurría hasta en las iglesias de Asia
Menor
(Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4; 17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28;
19:1-10, 17). Además, es claro en Gálatas 2:9 que el
ministerio
del apóstol Juan era para los judíos en particular. Por
lo
tanto, los primeros lectores del Apocalipsis estaban empapados del
Antiguo
Testamento hasta un punto en que la mayoría de nosotros no lo
está
en la actualidad. El simbolismo del Apocalipsis está saturado de
alusiones bíblicas que eran comúnmente comprendidas por
la
iglesia primitiva. Hasta en las pocas congregaciones que no
tenían
ningún miembro hebreo, las Escrituras usadas en la
enseñanza
y el culto eran principalmente del Antiguo Testamento. Los primeros
cristianos
poseían la clave autorizada e infalible del significado de las
profecías
de Juan. El no apreciar este hecho crucial es la causa principal de
nuestra
incapacidad para entender de qué hablaba Juan.
Por ejemplo, consideremos un símbolo
de Apocalipsis muy abusado, y apliquemos este principio. En Apoc. 7, 9, 14, y 22, Juan
ve al pueblo de Dios sellados en sus frentes con el nombre de Dios; y
en
Apoc. 13, Juan escribe sobre los adoradores de la bestia, que son
designados
en su mano derecha y en sus frentes con la marca de la Bestia. Se han
tejido
muchas interpretaciones fantasiosas en relación con estas marcas
- que van desde tatuajes y validaciones de pparques de diversiones
hasta
tarjetas de crédito y números de Seguro Social - y todas
sin la más ligera relación con las claras alusiones
bíblicas.
Pero, ¿qué habrían pensado los primeros lectores
de
estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar
inmediatamente
en varias referencias bíblicas: la "marca" del sudor en la
frente
de Adán, significando la maldición de Dios por su
desobediencia
(Gén. 3:19); la frente del Sumo Sacerdote, marcada con letras de
oro y proclamando que era SANTO AL SEÑOR (Éx. 28:36);
Deuteronomio
6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en los cuales los siervos de Dios son
"marcados"
en sus manos y en sus frentes con la ley de Dios, recibiendo así
bendición y protección en nombre de Él. Los
seguidores
de la bestia, por otra parte, reciben su marca de propiedad:
sometimiento
a una ley impía, estatista, y anti-cristiana. La marca en el
Apocalipsis
no ha de entenderse literalmente. Es una alusión a un
símbolo
del Antiguo Testamento que hablaba de la obediencia total del hombre a
Dios, y es una advertencia de que nuestro dios - ya sea el verdadero
Dios
o el estado auto-deificado - exige completa obediencia a su
señorío.
Este será el principio de interpretación
que se seguirá en este comentario. El Apocalipsis es una revelación:
Fue escrito para ser entendido. Benjamin Warfield escribió: "El
Apocalipsis de Juan no necesita ser difícil: todos sus
símbolos
son o naturales y obvios, o de lo contrario, tienen sus raíces
plantadas
en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y en el lenguaje
figurado
de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia
necesita
desesperarse de leer este libro sin provecho. Sobre todo, el que puede
comprender el gran discurso de nuestro Señor concerniente a las
últimas cosas (Mateo 24) no puede dejar de entender el
Apocalipsis,
que está fundado en ese discurso y apenas si avanza más
allá
de él". 68
La
primacía del simbolismo
¿Cuán importante es este simbolismo en la
Biblia? El gran teólogo holandés Herman Bavinck trata
este
tema extensamente en su libro The Doctrine of God. 69
Hablando de los nombres "simbólicos" de Dios, dice: "Las
Escrituras
no sólo contienen unos pocos antropomorfismos; por el contrario,
toda la Escritura es antropomórfica... De aquí que todos
los nombres con los cuales Dios se nombra a sí mismo y por medio
de los cuales él nos permite dirigirnos a Él se derivan
de
las relaciones terrenales y humanas". 70 "Para
darnos una idea de la majestad y el exaltado carácter de Dios,
los
nombres se derivan de toda clase de criaturas, vivas y sin vida,
orgánicas
e inorgánicas". 71
En realidad, "es completamente imposible decir nada de Dios sin usar
antropomorfismos.
No vemos a Dios como Él es en sí mismo. Le contemplamos
en
sus obras. Le nombramos de acuerdo con la manera en que se ha revelado
a sí mismo en sus obras. Es imposible para nosotros ver a Dios
cara
a cara, por lo menos aquí en la tierra... Por lo tanto,
cualquiera
que objete los antropomorfismos, niega en principio la posibilidad de
una
revelación de Dios en sus criaturas". 72
"Para el hombre, hay sólo dos alternativas: o guardar silencio
absoluto
con referencia a Dios, o hablar de Él de una manera humana; o
agnosticismo,
es decir, ateísmo teórico, o antropomorfismo". 73
Así, el simbolismo es inescapable: "Por lo tanto,
aunque llamamos a Dios por medio de nombres derivados de las criaturas,
Dios mismo estableció primero estos nombres para las criaturas.
La verdad es que, aunque nosotros aplicamos primero a las criaturas los
nombres que designan a Dios a causa del hecho de que conocemos a las
criaturas
antes de conocer a Dios, esencialmente esos nombres se aplican
primero
que todo a Dios, luego a las criaturas. Todas las virtudes pertenecen
primero
a Dios, luego a las criaturas: Dios posee estas virtudes 'en esencia',
la criatura, 'a través de la participación'. Así
como
el templo fue construido 'según el modelo que se le
mostró
a Moisés en el monte', Heb. 8:5, así también cada
criatura fue primero concebida y después (en tiempo) creada.
'Toda
familia' toma nombre 'del Padre' que creó todas las cosas - Efe.
3:15; comp. Mat. 23:9". 74
Bavinck está señalando dos puntos muy
significativos:
Primero, toda creación es primero simbólica. Todas las
criaturas
reflejan la gloria de Dios, y son imágenes de uno u otro aspecto
de Su naturaleza. La personalidad de Dios está impresa en todo
lo
que Él ha hecho. El valor central de cualquier cosa es
que
es un símbolo de Dios. Todos los otros valores y todas las otras
relaciones son secundarias. Y, puesto que el hombre es el
símbolo
principal de Dios, siendo su misma "imagen" (tanto individual como
corporativamente),
todo es simbólico del hombre también; así, todo
revela
a Dios y al hombre. 75
Segundo, el simbolismo es analógico,
no
realístico. En esto, las imágenes usadas en la Biblia
contrastan marcadamente con las del paganismo. Por ejemplo, la Biblia
habla
del pacto del matrimonio como análogo al pacto entre Dios y su
pueblo
(2 Cor. 11:2; Efe. 5: 22-23; Apoc. 19:7-9; 21: 9-11). La iglesia
siempre
ha visto los Cantares de Salomón en parte como una
analogía
de su propio romance con el Esposo celestial. Pero esto está
lejos
de implicar que el sexo es un sacramento; ni es ésta una
doctrina
de la salvación a través del matrimonio. El simbolismo es
analógico, no metafísico. No tenemos una relación
sexual con Dios. Hay un complejo de una y de muchas imágenes
involucrado
en el cuadro bíblico. La teología de la Biblia es
analógica,
no realística. En la salvación bíblica, el hombre
es re-hecho a imagen de Dios por medio de una sentencia judicial y una
transformación ética - no por una participación
metafísica
de la divina esencia. 76
Esto significa que el simbolismo bíblico no es
un "código". No se da en un estilo llano de "esto significa
aquéllo":
"Los símbolos bíblicos son fluidos, no estereotipados". 77
Un símbolo bíblico es una colectividad, y se refiere a
varias
ideas a la vez. El simbolismo bíblico, como la poesía, es
un lenguaje evocativo, que se usa cuando el lenguaje discursivo y
específico
es insuficiente. La Biblia usa imágenes evocativas para invocar
en nuestras mentes varias asociaciones que han sido establecidas por el
arte literario de la propia Biblia.
Austin Farrer señaló una distinción
que siempre debemos tener presente - la diferencia entre sentido
y referente. Mientras el sentido de un símbolo permanece
igual (las palabras "casa blanca" siempre significan "casa blanca"),
puede
tener numerosos referentes (La Casa Blanca en Washington, D. C.; la
casa
blanca al otro lado de la calle; la casa verde que pertenece a Fred
White;
etc.). "Las imágenes de Juan no significan nada que le guste a
uno;
su sentido puede establecerse. Pero todavía tienen una asombrosa
multiplicidad de referentes. De lo contrario, ¿por qué
escribir
en imágenes antes que en la fría prosa de los hechos? Se
ha dicho que el propósito de una afirmación
científica
es eliminar la ambigüedad, y que el propósito de un
símbolo
es incluirla. Escribimos en símbolos cuando deseamos que
nuestras
palabras presenten el tema, no que lo analicen o lo prueben. (No todos
los temas; algunos pueden ser presentados más directamente sin
símbolos).
Por decirlo así, el símbolo se esfuerza por ser
aquéllo
de lo cual habla, e imita la realidad mediante la multiplicidad de su
significación.
Una declaración exacta aísla un sólo aspecto del
hecho;
por ejemplo, un teólogo procura aislar la relación de la
muerte expiatoria de Cristo con la idea de la justicia forense. Pero
nosotros,
los que creemos que la muerte expiatoria tuvo lugar, debemos ver en
ella
un hecho relacionado con todo lo humano o divino, con tanta
significación
como cosas hay con las cuales puede relacionarse de manera variada. El
mero aspecto físico de esa muerte, para alguien que la
observó
en ese momento, de ningún modo expresaría lo que el
cristiano
piensa que esa muerte sería en sí misma; se necesitaron
muchos
años para que la Cruz reuniera alrededor de sí misma la
fuerza
de un símbolo por derecho propio. Juan escribe 'un Cordero como
inmolado', y una significación de un infinito alcance y una
infinita
variedad despierta en la mente del que lee la Escritura. Hay en boga
una
doctrina extremadamente estúpida de que el símbolo evoca
la emoción, y que la prosa exacta declara la realidad. Nada
puede
estar más lejos de la verdad: la prosa exacta abstrae de la
realidad,
el símbolo la presenta. Y por esa misma razón, los
símbolos
tienen algo del polifacetismo de la naturaleza salvaje." 78
Por ejemplo, el número simbólico 666 (Apoc.
13:18) claramente se refiere a César Nerón; pero si Juan
sólo hubiese tenido la intención de que sus lectores
entendieran
"César Nerón", habría escrito "César
Nerón",
no "666". 79
Usó el número 666 a causa de un sistema ya establecido de
imágenes bíblicas que le permitía decir muchas
cosas
acerca de Nerón simplemente usando ese número. Como dice
Philip Barrington: "Mucha gente 'interpreta' el Apocalipsis ... como si
cada detalle de cada visión tuviera un significado definible que
pudiera explicarse en otras tantas palabras. Estos comentaristas son
racionalizadores,
deficientes en el sentido místico. El simbolismo es una manera
de
sugerir la verdad acerca de aquellas grandes realidades espirituales
que
excluyen una exacta definición o una completa
sistematización;
es por eso que se emplea mucho en el culto ... El símbolo es
mucho
más rico en significado que cualquiera que podamos extraer de
él.
Lo mismo ocurre con las parábolas y las enseñanzas
simbólicas
de Jesús. Lo mismo sucede con los sacramentos y los actos
simbólicos
de la iglesia, y hasta de la sociedad. Se pueden fabricar muchos
sistemas
lógicos para explicar el 'significado' de agitar las manos o
hacer
la señal de la cruz; pero, a causa de su simplicidad y
universalidad,
estas acciones significan más de lo que las palabras pueden
explicar".
80
Además, "los profetas en general usan muchas
hipérboles
y pintorescas exageraciones a la manera de la poesía oriental. Según
los días de los árboles serán los días de
mi
pueblo (Isa. 65:22). Yo destruí delante de ellos al
amorreo
cuya altura era como la altura de los cedros (Amós 2:9):
afirmaciones
que significan respectivamente 'muy viejo' y 'muy alto'. Datan de la
poesía
primitiva: Los montes saltaron como carneros ... La tierra
tembló
y se estremeció (Sal. 114). Los poetas, hasta los poetas
occidentales,
siempre continuarán usando esta forma de hablar. Incluye el uso
de figuras enormes; un reino de cuarenta años significa un
reinado
bastante prolongado, y un reino de mil años significa un reino
bien
largo. La poesía de Jesús tiene este rasgo en grado
superlativo;
los camellos son tragados o pasados a través de ojos de agujas;
los montes son lanzados a las profundidades del mar; a un hombre se le
mete un tronco de árbol en el ojo.
"La gente sin suficiente imaginación para entender
y disfrutar de esto debería alejarse de Apocalipsis. De la misma
manera que un testigo tiene que entender 'la naturaleza de un
juramento',
un comentarista debería entender la naturaleza de un poema, y
hasta
de un chiste. Muchos que son deficientes en el sentido de la
poesía
y en el sentido del humor han probado suerte con el Apocalipsis, y lo
han
echado todo a perder". 81
El maximalismo
interpretativo
James Jordan observó una
vez que la mayoría de los evangélicos conservadores
utilizan,
sin proponérselo, un enfoque "liberal" de las Escrituras en sus
sermones y comentarios. Por años, los liberales han sostenido
que
la Biblia no es revelación en sí misma; sostienen que,
más
bien, es un registro [defectuoso] de la revelación.
Aunque
los evangélicos conservadores profesan creer que la Biblia misma
es revelación (y, como tal, inspirada, autorizada, e infalible),
sus métodos expositivos niegan esto. En la práctica, los
conservadores mismos a menudo tratan a la Biblia como sólo un
"registro"
de la revelación. Los comentarios evangélicos tienden a
no
tratar con el texto verdadero de la Biblia, sino sólo con los sucesos
relatados en el
texto, y prestar escasa atención a la redacción
y la arquitectura de la revelación de Dios.
(Irónicamente,
puesto que los liberales no creen que los sucesos ocurrieron realmente,
algunas veces tienden a prestar más atención al texto
mismo.
Eso es todo lo que les queda).
La marca de un buen instructor
bíblico
es que constantemente está preguntando: ¿Por
qué
se cuenta el relato de esta manera en particular? ¿Por
qué
se repite varias veces esta palabra o frase en particular?
(¿Cuántas
veces?) ¿Qué tiene este relato en común con otros
relatos? ¿Por qué es diferente? ¿Por qué
llama
nuestra atención el texto a detalles aparentemente sin
importancia?
¿Cómo encajan los incidentes menores en el argumento del
libro como un todo? ¿Qué dispositivos literarios
(metáfora,
sátira, drama, comedia, alegoría, poesía, etc.)
usa
el autor? ¿Por qué se aparta el libro algunas veces de un
estricto orden cronológico (por ejemplo, poniendo algunos
relatos
"fuera de orden")? ¿Cómo se relacionan estos relatos con
el Relato principal que la Biblia cuenta? ¿Qué nos dice
este
relato acerca de Jesucristo? ¿Qué tiene que ver este
relato
con nuestra salvación? ¿Por qué se molestó
Dios en darnos esta información particular?
En su discurso de graduación
como profesor de teología bíblica en el Princeton
Theological
Seminary en 1894, Geerhardus Vos habló de las ventajas del
enfoque
bíblico-teológico al estudio de la Escritura; entre
éstas,
dijo, está "la nueva vida y el frescor que da a la antigua
verdad,
mostrándola en toda su histórica vividez y realidad con
el
rocío mañanero de la revelación sobre sus hojas
abiertas.
Ciertamente, no es sin importancia que Dios haya incorporado el
contenido
de la revelación, no en un sistema dogmático, sino en un
libro de historia, cuyo paralelo en interés dramático y
sencilla
elocuencia no se encuentra en ninguna parte. Es esto lo que hace que
las
Escrituras hablen y apelen a, y toquen, los corazones y lleven las
mentes
de los hombres cautivas hacia la verdad en todas partes. Nadie
podrá
manejar la Palabra de Dios más efectivamente que aquél a
quien se han abierto las cámaras del tesoro de su significado
histórico".
82
Uno de los descubrimientos más
importantes que puede hacer cualquier instructor bíblico es
comprender
las imágenes básicas presentadas en los primeros
capítulos
de Génesis - luz y oscuridad, agua y tierra firme, cielo y
nubes,
montañas y jardines, bestias y dragones, oro y joyas,
árboles
y espinos, querubines y espadas llameantes - todas las cuales forman un
relato grandioso y glorioso, el verdadero "cuento de hadas",
que
puede ser captado y en el cual pueden deleitarse niños muy
jóvenes.
83
Todo en la Escritura es "simbólico". Jordan llama a esto
"maximalismo
interpretativo", un enfoque que armoniza con el método
interpretativo
usado por los padres de la Iglesia, en contraposición al
"minimalismo"
que ha caracterizado los comentarios
fundamentalistas-evangélicos
desde el surgimiento del racionalismo. 84
Un buen ejemplo de esto es la
discusión
de Jordan de Jueces 9: 53: "Mas una mujer dejó caer un
pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec,
y
le rompió el cráneo". (Nota: El texto no
dice
simplemente que "Abimelec fue muerto". Los detalles están
allí
por una razón). Por razones simbólicas, es importante que
una mujer aplastó la cabeza del tirano
(véase,
por ejemplo, Gén. 3: 15; comp. Judas 5: 24-27); que fue
destruido
por una piedra (comp. Deut. 13:10; Judas 9:5; 1 Sam. 17:49;
Dan.
2:34; Mat. 21:44); y que era una rueda de molino, un implemento
de trabajo para derrotar la tiranía (comp. Zac. 1: 18-21). 85
Pero, ¿hay algún
control para el "maximalista"? ¿Cómo evade la
acusación
de que está siendo meramente especulativo, y que interpreta el
texto
según su prejuicio personal o el capricho del momento? Por
supuesto,
la acusación de que un intérprete está siendo
"especulativo"
puede ser, la mitad de las veces, poco más que una cortina de
humo
para disfrazar la ignorancia del acusador de aquéllo de lo cual
habla el intérprete. Por lo tanto, la pregunta apropiada es si
el
intérprete está o no procediendo en su
investigación
según las líneas de pensamiento bíblicas.
¿Significa
esto que debe apegarse al así llamado "sentido llano" del texto?
Podría responderse que el "sentido llano" para un hombre es
"especulación"
para otro. Un hiper-literalista objetaría cualquier nivel de
simbolismo
en absoluto. (Por ejemplo, un predicador popular en realidad
enseña,
basado en el "sentido llano" de Apocalipsis 12, ¡que hay un
dragón
de verdad, vivo, que escupe fuego, que tiene siete cabezas, y que vuela
en el espacio exterior! El literalista más común y
promedio
rechaza todo simbolismo no enseñado explícitamente como
tal
en la Escritura. Pero ninguna de estas posiciones está apoyada
por
la Biblia. Dios nos ha dado principios para interpretar su Palabra, y
espera
que los usemos. Nuestra meta al enseñar la Biblia es, para
ponerlo
en términos sencillos, enseñar la Biblia,
según
las normas de exégesis de la propia Biblia - ya sea que encajen
o no en las ideas de "sencillez" de cada uno.
Hay por lo menos dos cosas que pueden
mantener a un intérprete sobre el sendero bíblico,
evitando
las trampas de la especulación de grado o por fuerza. Primero,
debe
ser fiel al sistema de doctrina enseñado en la Biblia.
Leer
la Biblia con ojos teológicos, en términos de
teología
sistemática e histórica, es un freno efectivo contra la
especulación
desenfrenada. Segundo, el intérprete debe tener presente que los
símbolos de la Biblia no están aislados; más bien,
son parte de un sistema de simbolismo dado en la Biblia, una
arquitectura
de imágenes en la cual todas las partes encajan juntas. Si
leemos
la Biblia teológicamente, con honestidad y cuidado, y con
respecto
a la estructura literaria de la propia Biblia, no nos desviaremos
mucho.
86
El enfoque
contemporáneo
del Apocalipsis
El propósito del Apocalipsis
fue revelar a Cristo como Señor a una iglesia sufriente. Por
cuanto
estaban siendo perseguidos, los primeros cristianos podían
sentirse
tentados a temer que el mundo se estaba descontrolando - que
Jesús,
que había rcclamado "toda autoridad ... en el cielo y en la
tierra"
(Mat. 28:18), en realidad no tenía ningún control en
absoluto.
Los apóstoles a menudo advertían contra este error de
centrarse
en el hombre, recordándole al pueblo que Dios es soberano sobre
toda la historia (incluyendo nuestras tribulaciones particulares). Esta
fue la base de algunos de los más hermosos pasajes de consuelo
en
el Nuevo Testamento (por ej., Rom. 8: 28-39; 2 Cor. 1:3.7; 4: 7-15).
La principal preocupación
de Juan al escribir el libro de Apocalipsis era esto mismo: fortalecer
la comunidad cristiana en la fe en el señorío de Cristo
Jesús,
hacerles conscientes de que las persecuciones que sufrían
estaban
totalmente incluidas en la gran guerra de la historia. El Señor
de la gloria había ascendido a su trono, y los gobernantes
impíos
ahora resistían Su autoridad persiguiendo a Sus hermanos. El
sufrimiento
de los cristianos no era una señal de que Jesús
había
abandonado este mundo al diablo; más bien, revelaba que
Él
era Rey. Si el señorío de Jesús no hubiese tenido
ningún significado, los impíos no habrían tenido
ninguna
razón en absoluto para afligir a los cristianos. Pero, en vez de
eso, perseguían a los seguidores de Jesús, mostrando que
se veían obligados a reconocer Su supremacía sobre el
gobierno
de ellos. El libro de Apocalipsis presenta a Jesús cabalgando
sobre
un caballo blanco como "Rey de Reyes y Señor de Señores"
(19:16), combatiendo con las naciones, juzgando y haciendo guerra en
justicia.
Los cristianos perseguidos no estaban en absoluto abandonados por Dios.
En realidad, estaban en las líneas del frente del conflicto de
los
tiempos, un conflicto en el cual Jesucristo ya había ganado la
batalla
decisiva. Desde su resurrección, toda la historia ha sido una
operación
de "limpieza", en la cual las implicaciones de su obra están
siendo
gradualmente implementadas a través del mundo. Juan es realista:
Las batallas no serán fáciles, ni saldrán ilesos
los
cristianos. A menudo, la guerra será sangrienta, y mucha de la
sangre
será nuestra. Pero Jesús es Rey, Jesús es
Señor,
y (y como dice Lutero), "Él debe ganar la batalla". El Hijo de
Dios
sale a la guerra, conquistando y a conquistar, hasta que haya puesto a
todos sus enemigos bajo sus pies.
El tema del Apocalipsis era, pues,
contemporáneo; esto es, fue escrito a y para los cristianos que
estaban vivos en el tiempo en que el libro se entregó por
primera
vez. Nos equivocamos al interpretarlo futurísticamente, como si
su mensaje estuviera destinado principalmente para un tiempo 2000
años
después de que Juan lo escribió. (Es interesante - pero
no
sorprendente - que los que interpretan el libro
"futurísticamente"
siempre parecen enfocar sobre su propia época el tema de las
profecías.
Convencidos de su propia importancia, son incapaces de verse a
sí
mismos viviendo en ninguna otra época que no sea el
clímax
de la historia). Por supuesto, los sucesos que Juan predijo estaban "en
el futuro" para Juan y sus lectores; pero ocurrieron poco
después
de que los escribió. Interpretar el libro de otra manera es
contradecir
tanto el alcance de la obra como un todo, como los pasajes en
particular
que indican el tema. Para nosotros, la gran mayoría de
Apocalipsis
es historia: Ya sucedió.
El mayor enemigo de la iglesia
primitiva
era el Israel apóstata, que usaba el poder del Imperio Romano
pagano
para tratar de erradicar el cristianismo, tal como había usado a
Roma para crucificar al mismo Señor. El mensaje de Juan en
Apocalipsis
era que este gran obstáculo contra la victoria de la iglesia
sobre
el mundo pronto sería juzgado y destruído. Su mensaje era
contemporáneo, no futurista.
Algunos se quejarán de que
esta interpretación convierte a Apocalipsis en "irrelevante"
para
nuestra época. Una idea más descabellada que ésta
es difícil imaginarla. ¿Son los libros de Romanos y
Efesios
"irrelevantes" sólo porque fueron escritos para los creyentes en
el siglo primero? ¿Deben ser descartados 1 Corintios y
Gálatas
porque trataban los problemas del siglo primero? ¿No es toda la
Escritura útil para los creyentes de todas las épocas? (2
Tim. 3: 16.17)? En realidad, son los futuristas los que han convertido
en irrelevante al Apocalipsis - pues en la hipótesis futurista
¡este
libro ha sido inaplicable desde el tiempo en que fue escrito hasta el
siglo
veinte! Sólo si vemos al Apocalipsis en términos de su
relevancia
contemporánea es el libro cualquier cosa menos letra muerta.
Desde
el comienzo, Juan declaró que su libro estaba destinado a "las
siete
iglesias que están en Asia" (1:4), y debemos suponer que
quería
decir lo que estaba diciendo. Es claro que esperaba que aún los
símbolos más difíciles de la profecía
pudieran
ser entendidos por sus lectores del siglo primero (13:18). Ni una sola
vez dio a entender que su libro fue escrito teniendo en mente el siglo
veinte, y que los cristianos desperdiciarían su tiempo tratando
de descifrarlo hasta que la Biblia de Referencia de Scofield se
convirtiera en una novela mejor vendida. La principal relevancia del
Libro
de Apocalipsis era para sus lectores del siglo primero. Todavía
es relevante para nosotros en la actualidad, al entender su mensaje y
aplicar
sus principios a nuestras vidas y a nuestra cultura. Cristo
Jesús
todavía exige de nosotros lo que exigía de la iglesia
primitiva:
absoluta fidelidad a Él.
La naturaleza contemporánea
del Apocalipsis será defendida a través de todo este
comentario,
pero podemos considerar varias líneas de evidencia en este
punto.
Primero, hay el tono general del libro, que se ocupa de los
mártires
(véase, por ejemplo, 6:9; 7:14; 12:11). 87
El tema es claramente la situación presente de las iglesias: El
Apocalipsis fue escrito para una iglesia sufriente, para consolar a los
creyentes durante su tiempo de prueba (que tuvo lugar, como hemos
visto,
bajo Nerón, no bajo Domiciano). Son particularmente apropiadas
las
observaciones de J. Stuart Russell sobre este punto: "¿Era un
libro
enviado por un apóstol a las iglesias de Asia Menor, con una
bendición
sobre sus lectores, simplemente un galimatías ininteligible, un
enigma inexplicable para ellos? Difícilmente. Sin embargo, si el
libro estuviera destinado a revelar los secretos de tiempos distantes,
¿no debería haber sido, por necesidad, ininteligible para
sus primeros lectores - y no sólo ininteligible, sino
también
irrelevante e inútil? Si hablara, como algunos querrían
hacernos
creer, de hunos y godos y sarracenos, de emperadores medievales y de
papas,
de la Reforma Protestante y la Revolución Francesa,
¿qué
posible interés o significado podría tener para las
iglesias
cristianas de Éfeso, Esmirna, y Filadelfia, y Laodicea?
Especialmente
cuando consideramos las circunstancias reales de aquellos cristianos
primitivos
- muchos de los cuales soportaban crueles ssuufrimientos y penosas
persecuciones,
y todos los cuales esperaban ansiosamente que se acercara la hora de la
liberación que ahora estaba a las puertas - ¿a qué
propósito podría haber respondido enviarles un documento
que se les instaba a leer y considerar, pero que, sin embargo, se
ocupaba
de sucesos históricos tan distantes que estaban más
allá
del alcance de sus simpatías, y tan oscuro que aún en la
actualidad los críticos más sagaces difícilmente
se
ponen de acuerdo sobre un solo punto de él?
"¿Es concebible que un
apóstol
se burlara de los cristianos sufrientes y perseguidos de su tiempo con
oscuras parábolas sobre épocas distantes? Si este libro
estuviera
destinado realmente a ministrar fe y consuelo a las mismas personas a
las
cuales se les envió, incuestionablemente debería tratar
de
asuntos en los cuales ellas estuvieran interesadas, práctica y
personalmente.
¿Y no sugiere esta misma consideración la verdadera clave
del Apocalipsis? ¿No debe por necesidad referirse a
cuestiones
de historia contemporánea? La única hipótesis
sostenible y razonable es la de que estaba destinado a ser entendido
por
sus lectores originales; pero esto es tanto como decir que debe
ocuparse
de los sucesos y las transacciones de sus propias días, y
éstos,
comprendidos dentro de un espacio de tiempo comparativamente corto". 88
Segundo, Juan escribe que el libro
concierne a "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y advierte que
"el tiempo está cerca" (1:3). Por si acaso lo pasamos por alto,
dice nuevamente, al final del libro, que "el Señor, el Dios de
los
espíritus de los profetas, envió a su ángel para
mostrarles
a sus siervos las cosas que deben suceder pronto" (22:6. Dado que una
prueba
importante de un verdadero profeta es el hecho de que sus
profecías
se cumplan (Deut. 18: 21-22), los lectores de Juan del siglo primero
tenían
plena razón en esperar que este libro tuviera una
significación
inmediata. Simplemente, a las palabras pronto y cerca
no se las puede hacer significar nada que no sea lo que dicen. Algunos
objetarán esto basándose en 2 Pedro 3:8, en el sentido de
que "un día es para el Señor como mil años, y mil
años como un día". Pero el contexto allí es
enteramente
diferente: Pedro está exhortando a sus lectores del siglo
primero
a ser pacientes con respecto a las promesas de Dios,
asegurándoles
que la fidelidad de Dios a su Santa Palabra no se agotará ni
disminuirá.
El libro de Apocalipsis no es sobre
la Segunda Venida de Cristo. Es sobre la destrucción de Israel y
la victoria de Cristo sobre sus enemigos en el establecimiento del
templo
del nuevo pacto. En realidad, como veremos, la palabra venida,
como
se usa en el libro de Apocalipsis, nunca se refiere a la Segunda
Venida.
Apocalipsis profetiza el juicio de Dios sobre el Israel
apóstata;
y aunque sí señala brevemente a sucesos más
allá
de lo que le concierne de manera inmediata, esto se hace apenas como
una
"conclusión", para mostrar que los impíos nunca
podrán
prevalecer contra el reino de Cristo. Pero el enfoque principal de
Apocalipsis
es sobre sucesos que habrían de tener lugar pronto.
Tercero, Juan identifica ciertas
situaciones como contemporáneas: En 13:18 , claramente estimula
a sus lectores contemporáneos a calcular el "número de la
Bestia" y descifrar su significado; en 17:10, uno de los siete reyes
está
actualmente en el trono; y Juan nos dice que la gran ramera "es [tiempo
presente] la gran ciudad, que reina [tiempo presente] sobre los reyes
de
la tierra" (17:18). Nuevamente, el propósito era que el
Apocalipsis
fuera entendido en términos de su significado
contemporáneo.
Una interpretación futurista se opone completamente a la manera
en que Juan mismo interpreta su propia profecía.
Cuarto, debemos notar cuidadosamente
las palabras del ángel en 22:10: "No selles las palabras de la
profecía
de este libro, porque el tiempo está cerca". Nuevamente, por
supuesto,
se nos dice explícitamente que la profecía es de
naturaleza
contemporánea; pero hay más. La declaración del
ángel
contrasta con la orden que Daniel recibió al final de su propio
libro: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo
del
fin" (Dan. 12:4). A Daniel se le ordenó específicamente
que
sellara la profecía, porque se refería al "fin", en el
futuro
distante. Pero a Juan se le dice que no selle la
profecía,
porque el tiempo del cual habla está cerca.
Así pues, el enfoque del
libro de Apocalipsis es sobre la situación contemporánea
de Juan y sus lectores del siglo primero. Se escribió para
mostrarles
a aquellos primeros cristianos que Jesús es Señor, "el
soberano
de los reyes de la tierra" (Apoc. 1:5). Muestra que Jesús es la
clave de la historia mundial - que nada puede ocurrir fuera de su
voluntad
soberana, que Él será glorificado en todas las cosas, y
que
sus enemigos morderán el polvo. Los cristianos de esos
días
estaban tentados a transigir con el estatismo y las falsas religiones
de
sus días, y necesitaban este mensaje sobre el absoluto dominio
de
Cristo sobre todos, para que pudieran ser fortalecidos en la guerra a
la
cual eran llamados.
Y también nosotros necesitamos
este mensaje. También nosotros estamos sujetos diariamente a las
amenazas y seducciones de los enemigos de Cristo. También a
nosotros
se nos pide - hasta por parte de otros cristianos - que transijamos con
las modernas Bestias y Rameras para salvarnos (o salvar nuestros
empleos
o las exenciones sobre nuestras propiedades o impuestos). Y
también
nosotros nos enfrentamos a una elección: rendirnos a
Jesús
o rendirnos a Satanás. El Apocalipsis habla poderosamente hoy
día,
y su mensaje para nosotros es el mismo que para la iglesia primitiva:
que
"no hay una sola pulgada cuadrada de terreno en el cielo o en la tierra
en la cual haya paz entre Cristo y Satanás"; 89
que nuestro Señor exige sometimiento universal a su ley; y que
Él
ha predestinado a su pueblo a la conquista victoriosa y al dominio
victorioso
sobre todas las cosas en Su nombre. No debemos transigir en modo
alguno,
y no debemos dar cuartel en la gran batalla de la historia. Se nos
ordena
ganar.
Una nota sobre el
texto
Yo no profeso ser un crítico
textual. Sin embargo, para producir un comentario detallado, fue
necesario
decidir de una forma u otra cuál tradición textual del
Nuevo
Testamento seguir. La traducción en este comentario se basa
mayormente
en las recomendaciones de Hodges y Farstad en su Nuevo Testamento
Griego
"Texto de mayoría". 90
Los argumentos básicos para la posición del Texto de
Mayoría
han sido presentados en las obras de Jakob van Bruggen, 91
Wilbur N. Pickering, 92
Harry A. Sturz, 93
y otros; 94
no es necesario enmerarlos aquí. Sin embargo, sí deseo
subrayar
que el punto en discusión no es realmente de mayoría
(es decir, simplemente contar manuscritos) sino de catolicidad: El
punto
del "Texto de mayoría" es que es el Texto católico, el
Nuevo
Testamento usado por la iglesia universal de todas las épocas 95
en contraste con el así llamado "texto crítico" de la
mayoría
de las traducciones modernas, que representan una tradición
pequeñita
y variante producida en Egipto.
Resumen general
del Apocalipsis
El siguiente bosquejo es simplemente
una versión más detallada de la estructura de pacto
mencionada
anteriormente. El Apocalipsis es tan complejo que uno se siente tentado
a embarcarse en interminables análisis estructurales (algunos se
notarán a medida que procedemos a través del comentario).
Hay un punto adicional que no debe ser pasado por alto desde el
comienzo,
sin embargo. Envolviendo el libro entero está el tema del Esposo
y la Esposa, y la profecía está dividida en partes
iguales
entre estos dos motivos. De este modo:
I. El Esposo, Capítulos
1-11: Esta sección comienza (1:19-20) y termina (10:1-7) con
visiones
del Hijo del Hombre, vestido de gloria.
H. La Esposa,
Capítulos 12-22:
Esta sección comienza (12:1-2) y termina (21:9-27) con visiones
de la Iglesia, vestida de gloria.
Bosquejo del Apocalipsis
I. Preámbulo:
La visión
de Juan del Hijo del Hombre (1:1-20)
II. Prólogo
Histórico:
Cartas a las siete iglesias (2:1-3:22)
A.
Éfeso
(2:1-7)
B.
Esmirna
(2:8-11)
C.
Pérgamo
(2:12-17)
D.
Tiatira
(2:18-29)
E.
Sardis
(3:1-6)
F.
Filadelfia
(3:7-13)
G. Laodicea
(3:14-22)
III. Estipulaciones: Los
Siete Sellos
(4:1-7:17)
A. El
trono (4:1-11)
B. El
libro sellado (5: 1-5)
C. El
Cordero como inmolado (5:6-14)
D. Los
primeros cuatro sellos: Jinetes (6:1-8)
E. El
quinto sello: Mártires (6:9-11)
F. El
sexto sello: La de-creación (6:12-17)
G. Los
144.000 sellados (7:1-8)
H. La
grande muchedumbre (7:9-17)
IV. Sanciones: Las siete
trompetas
(8:1-14:20)
A. El
séptimo sello: El altar de incienso (8:-1-5)
B. Las
primeras cuatro trompetas (8:6-13)
C. La
quinta trompeta: Langostas del abismo (9:1-12)
D. La
sexta trompeta: El ejército de 200 millones (9:13-21)
E. El
ángel del juramento (10:1-7)
F. El
librito (10:8-11)
G. Los
dos testigos (11:1-14)
H. La
séptima trompeta: Viene el reino (11:15-19)
I.
La mujer, la simiente, y el dragón (12:1-6
J.
Miguel y el dragón (12:7-12)
K. La
huída de la mujer (12:13-17)
L. La
bestia que sube del mar (13:1-10)
M. La bestia
que sube de la tierra (13:11-18)
N. El
Cordero y los 144.000 sobre el monte de Sión (14:1-5)
O. El
evangelio y las copas envenenadas (14:6-13)
P. La
siega y la vendimia de la tierra (14:14-20)
V. A. El
cántico de
victoria (15:1-4)
B. Se
abre el tabernáculo (15:5-8)
C. Las
primeras cuatro copas: La creación se venga (16:1-9)
D. Las
últimas cuatro copas: ¡Consumado es! (16:10-21)
E.
Babilonia:
La gran ramera (17:1-5)
F.
Babilonia:
El misterio explicado (17:6-18)
G.
¡Ha
caído babilonia! (18:1-8)
H.
Reacciones
a la caída de Babilonia (18:9-20)
I.
Babilonia es derribada (18:20-24)
J.
La cena de las bodas del Cordero (19:1-10)
K. El
jinete del caballo blanco (19:11-16)
L. El
festín de las aves (19:17-18)
M. La
destrucción
de las bestias (19:19-21)
N.
Satanás
atado (20:1-3)
O. La
primera resurrección y la última batalla (20:4-10)
P. El
juicio final (20:11-15)
Q. La
nueva creación (21:1-8)
R. La
nueva Jerusalén (21:9-27)
S. El
río de vida (22:1-5)
T.
¡Ven,
Señor Jesús! (22:6-21)
Notas:
1. Contrástese esto con el tono de la carta
de Clemente a los corintios. Como dice J. B. Lightfoot en su
edición
de The Apostolic Fathers (Vol. 1, p. 352: "Se reclama en efecto
autoridad para los pronunciamientos de la carta en un tono no
vacilante,
pero es la autoridad de la hermandad que declara la mente de Cristo por
el Espíritu, no la autoridad de un hombre, ya sea obispo o
papa".
Citado en la obra de A. T. Robinson, Redating the New Testament
(Philadelphia:
The Westminster Press, 1976), p. 328.
2. Véase de William Hendrksen, More
Than Conquerors: An Interpretation of the Book of Revelation (Grand
Rapids: Baker Book House, 1939), pp. 17ss., para una lista de tales
similitudes.
Por ejemplo, cita a Juan 7:37 y Apoc. 22:17; Juan 10:18 y Apoc. 2:27;
Juan
20:12 y Apoc. 3:4; Juan 1:1 y Apoc. 19:13; Juan 1:29 y Apoc. 5:6.
3.
Austin Farrer, The Revelation of St. John
the Divine (Oxford: At the Clarendon Press, 1964), pp 41ss.
4.
Un ejemplo menor de esto en Juan es 1:9-2:11,
que sigue una estructura de siete días modelada según la
semana de la creación; véase de David Chilton, Paradise
Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Domninion
Press, 1985), pp. 62s.
5. Hasta cierto punto, esto está demostrado
en la tradición registrada en Eusebio de que, como Obispo de
Éfeso,
Juan "era sacerdote, y llevaba puesta la placa sacerdotal" - es decir,
el petalon, insignia del sumo sacerdote que se llevaba en la
frente
(Eccesiastical
History, v.xxiv). Por supuesto, es probable que Juan y los otros
"ministros
del Nuevo pacto" llevaran un "uniforme" distintivo que
correspondía
a su posición oficial, y es posible que sus ropas y su
"distintivo
oficial" fueran similares a los que llevaban los sacerdotes israelitas.
6.
Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry
and Services As They Were at the Time of Christ (Grand Rapids:
William
B. Eerdmans Publishing Co., 1980) pp. 141s.
7.
Ibid., p. 142.
8.
Ibid., p. 141.
9.
San Ireneo, Against Heresies, v. xxx.3;
citado por Eusebio en su Ecclesiastical History, iii.xviii.2.3;
v.viii.6.
10.
Véase de Arthur Stapylton Barnes, Christianity
at Rome in the Apostolic Age (London: Methuen Publishers, 1938),
pp.
167ss.
11.
Véase la discusión en la obra
de John A. T. Robinson, Relating the New Testament
(Philadelphia:
The Westminster Press, 1976), pp. 221ss.
12.
H. B. Swete, Commentary on Revelation
(Grand Rapids: Kregel Publications [1911] 1977), p. xcix.
13.
Véase la detallada discusión
en la obra de Moses Stuart, Commentary on the Apocalypse
(Andover:
Allen, Merrill and Wardwell, 1845), Vol. I, pp. 263-284; véase
también
James MacDonald, The Life and Writings of St. John (London:
Hodder
and Stoughton, 1877), pp. 151-177.
14.
Robinson tiene en mente las declaraciones
del pastor cristiano Clemente (1 Clemente 6) y del historiador
pagano
Tácito (Annals, xv.44).
15.
Robinson, p. 233; comp. pp. 236ss.
16. Aunque no basa su argumento en consideraciones
teológicas, esta es la tesis de J. A. T. Robinson en Redating
the New Testament. Llega a esta conclusión a través
de
un cuidadoso estudio de la evidencia tanto externa como interna en
relación
con cada libro del Nuevo Testamento. Se encuentra apoyo de hallazgos
arqueológicos
a favor de un Nuevo Testamento primitivo en la obra de David Estrada y
William White Jr., The First New Testament (Nashville: Thomas
Nelson,
1978). Véase también de Ernest L. Martin, The
Original
Bible Restored (Pasadena: Foundation for Biblical Research, 1984),
para su interesante tesis de que el Nuevo Testamento fue canonizado por
Pedro y Juan.
17.
Atanasio, el "santo patrono del post-milenismo",
aplica la promesa "milenista" de Isaías 11:9 a los triunfos de
la
era del Nuevo pacto.
18. Atanasio, On the Incarnation, Hermana
Penélope Lawson, trad. (New York: MacMillan Publishing Co.,
1946),
pp. 61ss. Rousas John Rushdoony señala al mismo punto en su
exposición
de Dan. 9:24: "'Las visiones y los profetas' serán sellados o
terminados,
la revelación de Cristo en el Nuevo Testamento resumiendo y
dando
conclusión a las Escrituras". Thy Kingdom Come: Studies in
Daniel
and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978), p. 66.
19.
C. J. Hemer, "Seven Cities of Asia Minor",
in R. K. Harrison, cd., Major Cities of the Biblical World
(Nashville:
Thomas Nelson Publishers, 1985), p. 235.
20.
W. H. C. Frend, The Rise of Christianity
(Philadelphia: Fortress Press, 1984), p. 127.
21.
H. B. Swete, Commentary on Revelation
(Grand Rapids: Kregel Publications, [1911] 1977, p. lxxxix.
22.
Ethelbert Stauffer, Christ and the Caesars
(Philadelphia: Westminster Press, 1955), p. 88.
23.
Francis A. Schaeffer, How Shall We Then
Live? (Old Tappan, NJ: Fleming H. Revell, 1976), p. 24.
24.
Rousas John Rushdoony, The One and the
Many: Studies in the Philosophy of Order and Ultimacy (Tyler, TX:
Thoburn
Press [1971], 1978), p. 92.
25.
Ibid., pp. 92s.
26.
Ibid., p. 93. Rushdoony cita a Francis Legge,
Forerunners
and Rivals of Christianity. From 330 B. C. to 330 A. D. (New Hyde
Park,
NY: University Books, [1915], 1964), vol. I, pp. xxics.
27.
Comp. Swete, p. lxxxi.
28.
Hal Lindsey, There's a New World Coming
(Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), p. 140.
29.
J. L. Martin, The Voice of the Seven Thunders:
or, Lectures on the Apocalypse (Bedford, IN: James M. Mathes,
Publisher,
sexta cd., 1873), pp. 149s.
30.
Ibid., pp. 151s.
31.
Richard B. Gaffin Jr., ed., Redemptive
History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus
Vos (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co.,
1980),
p. 10.
32.
Meredith G. Kline, Treaty of the Great King:
The
Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B.
Eerdmans
Publishing Co., 1963); ídem., The Structure of Biblical
Authority
(Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., segunda ed., 1975).
33.
Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion
by Covenant (Tyler, TX: Insitute for Christian Economics, 1987).
34.
Dicho sea de paso, el punto no es que la Escritura
sigue el modelo de los tratados paganos, sino más bien, como
arguye
Sutton, que las formas de tratado paganas se derivaron en última
instancia del pacto de Dios.
35. La expresión bíblica Últimos
Días se refiere propiamente al período desde el
advenimiento
de Cristo hasta la destrucción de Jerusalén en el
año
70 d. C., "los últimos días" de Israel durante el
período
de transición del Antiguo pacto al Nuevo pacto (Heb. 1:1-2;
8:13;
Sant. 5:1-9; 1 Ped. 1:20; 1 Juan 2:18). Véase de David Chilton,
Paradise
Restored, pp. 122, 237-290; comp. mi serie de estudios sobre este
tema,
publicada en el Geneva Review, P. O. Box 131300, Tyler, TX
75713.
36. El número siete, por sí solo,
se usa usa cincuenta y cuatro veces en Apocalipsis; y hay muchos
ejemplos
(más de los que yo he intentado contar) de palabras y frases
mencionadas
siete veces, o arracimadas en grupos de siete.
37. Es verdad que la mayoría de los comentarios
busca encontrar siete o más series de siete, pero, al hacerlo
así,
no se están adhiriendo al bosquejo formal de Juan. Ciertamente,
no hay nada erróneo en intentar descubrir las muchas estructuras
sutiles del libro; pero por lo menos debemos comenzar con el
orden
explícito del autor antes de hacer refinamientos.
38.
E. Laird Harris, Gleason Archer, y Bruce Waltke,
ed., Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago: Moody
Press,
1980), p. 341.
39.
James B. Jordan, The Law of the Covenant:
An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian
Economics,
1984), p. 266.
40.
Ibid., pp. 266-271.
41. La imagen figurada de la prostitución
se usa consistentemente para representar la apostasía contra el
pacto. En realidad, hay sólo dos casos en toda la Escritura en
que
el término se aplica a otras naciones. En ambos casos (Tiro,
Isa.
23:15-17; y Nínive, Nah. 3:4), eran naciones que habían
estado
en pacto con Dios por medio de Israel.
42.
Véase de J. P. M. Sweet, Revelation
(Philadephia: The Westminster Press, 1979), pp. 52-54.
43.
Véase, por ejemplo, Ferrell Jenkins,
The
Old Testament in the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book
House,
[1972] 1976, pp. 54ss.
44.
Albert Vanhoye, "L'utilisation du Livre d'Ezechiel
clans l'Apocalypse", Biblica 43 (1962), pp. 436-476
(véase
esp. pp. 473-476).
45.
Philip Barrington, The Meaning of the Revelation
(London: SPCK, 1931), p. 65.
46.
Esta lista se basa en Barrington (p. 64) y
en M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", New
Testament Studies 27, no. 3(Abril 1981), pp. 342-367).
47.
M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual
Cycle of Prophecies", p. 350.
48.
Austin Farrer, A Rebirth of Images: The
Making of St. John's Apocalypse (Gloucester, MA: Peter Smith [1949]
1970, p. 22.
49.
M. D. Goulder, The Evangelists' Calendar:
A Lectionary Explanation of the Development of Scripture (London:
SPCK,
1978).
50.
Ibid., p. 7. Goulder sugiere que el Libro
de Apocalipsis se escribió del mismo modo, como meditaciones de
Juan sobre las lecturas leccionarias en su iglesia.
51.
M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual
Cycle of Prophecies", pp. 350s.
52. Ibid., pp. 353-354. James B. Jordan ha escrito
una serie muy útil de estudios sobre "El Cristianismo y el
Calendario",
publicados durante un período de tres años en The
Geneva
Papers (primera serie), disponible en los Geneva Ministries. P. O.
Box 131300, Tyler, TX 75713. Véase especialmente el No. 27
(January
1984): "Is the Church Year Desirable?"
53.
Massey H. Shepherd Jr., The Paschal Liturgy
and the Apocalypse (Richmond: John Knox Press, 1960).
54.
Ibid., p. 82.
55.
Thomas Hopko, The Orthodox Faith, Vol.
4: The Bible and the Church History (Orthodox Church in
America,
1973), pp. 64ss., citado en George Cronk, The Message of the Bible:
An Orthodox Christian Perspective (Crestwood, NY: St.
Vladimir´s
Seminary Press, 1982), p. 259.
56.
Dom Gregory Dix, The Shape of the Liturgy
(New York: The Seabury Press, [1945] 1983, p. 312.
57.
Véase de Leon Morris, Apocalyptic
(Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1972).
58.
Ferrell Jenkins, The Old Testament in the
Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, 1976), p. 41.
El
libro de Jenkins es una excelente introducción breve a los
antecedentes
y al simbolismo bíblicos en Apocalipsis.
59.
Morris, p. 71.
60.
Ibid., p. 60.
61.
Jenkins, p. 41.
62.
Morris, p. 79.
63.
Benjamin B. Warfield, "The Prophecies of St.
Paul", en Biblical and Theological Studies (Philadelphia: The
Presbyterian
and Reformed Publishing Co., 1968), p. 470.
64. Uno de los mayores popularizadores de este
punto de vista fue el apólogo racionalista cristiano Joseph
Butler,
que afirmaba que "la profecía no es sino la historia de los
sucesos
antes de que éstos ocurran". The Analogy of Religion,
Natural
and Revealed, to the Constitution and Course of Nature (Oxford: At
the University Press, [1736] 1835), p. 310.
65.
Véase de Chilton, Paradise Restored,
pp. 15-63.
66.
Merrill C. Tenney, Interpreting Revelation
(Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 101.
67.
Ibid., p. 104.
68.
Benjamin B. Warfield, "The Apocalypse" en
Selected
Shorter Writings of Benjamin B. Warfield (Nutley, NJ: Presbyterian
and Reformed Publishing Co., 1973), vol. II, pp. 652s.
69.
Herman Babinck, The Doctrine of God,
William Hendriksen, trad. (Edimburgh: The Banner of Truth Trust, [1951]
1977).
70.
Ibid., p. 86.
71.
Ibid., p. 88.
72.
Ibid., p. 91.
73.
Ibid., p. 92.
74.
Ibid., p. 94.
75.
Para una discusión extensa del significado
principal del simbolismo, véase de James B. Jordan, "Symbolism:
A Manifesto", en The Sociology of the Church (Tyler, TX: Geneva
Ministries, 1986).
76. Por esto, no debemos asustarnos cuando encontramos
que la Biblia usa ciertos símbolos que son usados también
en religiones paganas - por ejemplo, la referencia bíblica a las
estrellas o a las constelaciones del Zodíaco. (Dicho sea de
paso,
"Zodíaco" no es una palabra oculta; simplemente se refiere a la
ruta aparente del sol por los cielos, pasando "a través" de las
doce constelaciones principales, de la manera en que Dios dispuso que
lo
hiciera). Algunas formas de paganismo enseñan que el agua
está
habitada por espíritus, y que (con los conjuros adecuados) su
aplicación
puede conferir poderes mágicos. Los cristianos no creen esto.
¿Deberíamos,
por lo tanto, (para no ser confundidos con los paganos) abandonar el
uso
del bautismo? ¿O deberíamos abandonar la doctrina del
nacimiento
virginal sobre la base de que los dioses mitológicos han
embarazado
a las doncellas terrestres? Tales ejemplos pueden multiplicarse muchas
veces. El paganismo, siendo una perversión de la verdad, tiene
miríadas
de doctrinas que son superficialmente similares al cristianismo. Esto
no
significa que debemos temer al paganismo: en vez de eso, significa que
debemos reclamar los símbolos robados para el Señor
Cristo
Jesús.
77.
Rousas J. Rushdoony, Thy Kingdom Come,
p. 174.
78. Austin Farrer, A Rebirth of Images,
pp. 10s. Para los lectores que verdaderamente desean seguir un estudio
serio de las Escrituras, sugiero lo siguiente como un primer paso
absolutamente
necesario: Guarde todos sus libros sobre hermenéutica en un
baúl
hasta que haya leído de Laurence Perrine, Sound and Sense:
An
Introduction to Poetry (New York: Harcourt Brace Jovanovich, sexta
ed., 1982), y de John Ciardi y Miller Williams, How Does a Poem Mean
(Boston: Houghton Mifflin Con., segundo cd., 1975). Puede que almas
más
animosas deseen continuar más adelante con dos libros por
Northrop
Frye: Anatomy of Criticism (Princeton: Princeton University
Press,
1957) y (con precaución) The Great Code: The Bible and
Literature
(New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1982).
79. La idea de que él lo escribió
"en código" porque temía ser arrestado por
traición
es obviamente falsa: Los profetas no eran hombres tímidos; y de
todos modos, el Libro de Apocalipsis es "traidor" mucho antes de que
Juan
comience a hablar de Nerón. Los cristianos podían ser
ejecutados
por decir simplemente lo que Juan dice en el capítulo 1 - que
Jesucristo
es "el soberano de los reyes de la tierra".
80.
Philip Barrington, The Meaning of Revelation,
pp 84s.
81.
Ibid., pp. 136s.
82.
Geerhardus Vos, "The Idea of Biblical Theology",
en la obra de Richard B. Gaffin, ed., Redemptive History and
Biblical
Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos
(Presbyterian
and Reformed, 1980), p. 23.
83.
Una buena introducción a los motivos
literarios de la Escritura es la obra de Leland Ryken How to Read
the
Bible as Literature (Grand Rapids: Zondervan, 1984).
84.
James B. Jordan, Judges: God´s War
Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), p. xii.
85.
Ibid., pp. 175s.
86. Para mayor información sobre
interpretación
bíblica, véase de Geerhardus Vos, Biblical Theology:
Old
and New Testaments (Grand Rapids: Eerdmans, 1948); Meredith G.
Kline,
Images
of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980); Vern S.
Poythress,
The
Stained-Glass Kaleidoscope: Using Perspectives in Theology
(programa
de estudios impreso privadamente, Westminster Theological Seminary,
Philadelphia,
1985); Richard L. Pratt, Jr., "Pictures, Windows, and Mirrors in Old
Testament
Exegesis", Westminster Theological Journal 45 (1983), pp.
156-167.
Las tres conferencias de James B. Jordan sobre "Cómo Interpretar
la Profecía" ("How to Interpret Prophecy") son una excelente
introducción
al simbolismo bíblico. Las tres cintas están disponibles
en Geneva Ministries, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.
87.
Véase de Louis Bouyer, The Spirituality
of the New Testament and the Fathers, trad. Mary P. Ryan
(Minneapolis:
The Seabury Press, 1963), pp. 120s.
88.
J.Stuart Russell, The Parousia: A Critical
Inquiry into the New Testament Doctrine of Our Lord´s Second
Coming
(Grand Rapids: Baker Book House, [1887] 1983), p.366.
89.
Cornelius Van Til, Essays on Christian
Education (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co.,
1977),
p. 27.
90.
Zane C. Hodges y Arthur L. Farstad, The
Greek New Testament According to the Majority Text (Nashville:
Thomas
Nelson Publishers, 1982). Es decir, donde la evidencia presentada por
Hodges
y Farstad parece inequívoca, la he seguido; donde parece menos
clara,
me he sentido en libertad de discrepar con ella.
91.
Jakob van Bruggen, The Ancient Text of
the New Testament (Winnipeg: Premier Printing Ltd., 1976); idem, The
Future of the Bible (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1978).
92.
Wilbur N. Pickering, The Identity of the
New Testament Text (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1977).
93. Harry A. Sturz, The Byzantine Text-Type
in New Testament Textual Criticism (Nashville: Thomas Nelson
Publishers,
1984). Sturz asume una posición mucho más moderada que
Hodges,
Pickering, y los otros defensores del Texto de Mayoría. Su
valioso
estudio demuestra que las así llamadas lecturas "bizantinas" (es
decir, de Texto de Mayoría) son tempranas e independientes. Por
esto, aunque él no cree que el texto bizantino es "primario",
muestra
que tampoco puede ser considerado como "secundario".
94. Comp. David Otis Fuller, cd., Which Bible?
(Grand Rapids: International Publishers, quinta ed., 1975); True or
False? The Westcott-Hort Textual Theory Examined (Grand Rapids:
International
Publishers, 1973); Counterfeit or Genuine? - Mark 16? John 8?
(Grand
Rapids: International Publishers, 1975); Eduard F. Hills, The King
James
Version Defended! (Des Moines: Christian Research Press , 1956,
1973).
Sin embargo, es importante observar que la posición de los
partidarios
del Texto de Mayoría no es la misma que la de los defensores de
la King James Version (o del Textus Receptus). El argumento de este
último
grupo es que el verdadero texto ha sido preservado providencialmente en
las lecturas del Textus Receptus, aún en los casos (por ej., 1
Juan
5:7; Apoc. 22:19) en que la evidencia del verdadero manuscrito griego
es
escasa o no existe. Es interesante que (en contraste con el resto del
Nuevo
Testamento) las lecturas del Texto de Mayoría para el Libro de
Apocalipsis
concuerdan más a menudo con el "texto crítico" que con el
Textus Receptus.
95. Por esta razón, es extremadamente
desafortunado
que Hodges y Farstad hayan decidido ignorar las lecturas de los
leccionarios
tradicionales al ordenar su edición (The Greek New Testament
According to the Majority Text, p. xviii).