DÍAS
DE RETRIBUCIÓN
Una exposición del
libro
de Apocalipsis
(PDF)
Título de la obra en
inglés:
Days of Vengeance
Por David Chilton
Tomado de Freebooks
Parte Cinco
18
¡HA CAÍDO BABILONIA!
¡Salid
de ella! (18:1-8)
1 Después de esto vi a otro ángel
descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su
gloria.
2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha
caído,
ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de
demonios
y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave
inmunda
y aborrecible.
3 Porque todas las naciones han bebido del vino del
furor
de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con
ella,
y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus
deleites.
4 Yoí otra voz del cielo, que decía:
Salid
de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes
de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;
5 porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y
Dios
se ha acordado de sus maldades.
6 Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble
según sus obras; en el cáliz en que ella preparó
bebida,
preparadle a ella el doble.
7 Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en
deleites,
tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo
estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto;
8 por lo cual en un solo día vendrán
sus
plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego;
porque
poderoso es Dios el Señor, que la juzga.
1 Ahora Juan es presentado a otro ángel -
probablemente
el Señor Jesucristo, considerando la descripción de
Él,
comparada con afirmaciones sobre Cristo en el evangelio de Juan: Baja
del
cielo (Juan 3:13, 31; 6:38, 58), tiene gran autoridad (Juan 5:27;
10:18;
17:2), y que la tierra fue iluminada con su gloria (Juan 1:4-5, 9, 14;
8:12; 9:5; 11:9; 12:46; comp. 1 Tim. 6:16). Las expresiones son
paralelas
con las de 10:1, que, como hemos visto, claramente hablan del Hijo de
Dios.
La última frase es virtualmente una repetición de
Ezequiel
43:2, donde dice de Dios que "la tierra resplandecía a causa de
su gloria". Cristo mismo, que trae la ira de Dios sobre la
ciudad-ramera,
viene a proclamar el juicio de ella. La destrucción de los
apóstatas
del pacto manifiesta la autoridad de Dios y su gloria en la tierra.
2 La proclamación del mensajero de Dios es consistente
(comp. 14:8): Ha caído, ha caído Babilonia la grande. Su
destino es seguro, y por eso de él se habla como ya completado.
Esto es similar a la endecha que Amós cantó contra Israel:
Cayó la virgen de Israel, y no podrá
levantarse ya más; fue dejada sobre su tierra, no hay quien la
levante.
(Amós 5:2).
La apostasía de Jerusalén se ha vuelto tan
grande que su juicio es permanente e irrevocable. Ella es Babilonia, la
implacable enemiga de Dios, habiéndose convertido en
habitación
de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de
toda
ave inmunda y aborrecible, en contraste con la Nueva Jerusalén
de
21:27 ("no entrará en ella ninguna cosa inmunda"). La ramera
está
en un desierto (17:3), habiendo sido dejada desolada
por
sus pecados (17:16; comp. Mat. 24:15; nuestras palabras soledad,
desierto,
desolación, y desolado son básicamente la misma palabra
en
griego). Como ya hemos observado, el desierto es el lugar de pecado y
de
los demonios (Mat. 12:43; comp. Luc. 8:27). Una fuente importante para
esto e la desolación original del mundo por medio de la
rebelión,
inspirada por los demonios, contra Dios (Gén. 3:17-18).
Siguiéndose
de esto, en el día de expiación, un macho cabrío
era
llevado al desierto, llevando sobre sí los pecados del pueblo.
Se
decía que este macho cabrío "expiatorio" era,
literalmente,
enviado para o por "Azazel" (Lev. 16:8, 10, 26), 1
un nombre para la cabra salvaje que vivía en el desierto.
2
Isaías había profetizado sobre la desolación de
Babilonia:
Dormirán allí las fieras del desierto,
y sus casas se llenarán de hurones; allí habitarán
avestruces, y allí saltarán las cabras salvajes. (Isa.
13:21)
La ira de Dios contra Edom se expresa en un lenguaje
muy
parecido:
No se apagará de noche ni de
día,
perpetuamente subirá su humo; de generación en
generación
será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella.
Se
adueñarán de ella el pelícano y el erizo, la
lechuza
y el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella
cordel
de destrucción, y niveles de asolamiento ... En sus
alcázares
crecerán espinos, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y
serán
morada de chacales, y patio para los pollos de los avestruces. Las
fieras
del desierto se encontrarán con las hienas, y la cabra salvaje
gritará
a su compañero; la lechuza también tendrá
allí
morada, y hallará para sí reposo. (Isa. 34:10-14).
Ahora el decreto del ángel aplica las antiguas
maldiciones
a los rebeldes judíos del siglo primero. Porque Israel
rechazó
a Cristo, la nación entera es poseída por demonios, por
completo
más allá de toda esperanza de reforma (comp. Mat.
12:38-45;
Apoc. 9:1-11). Subraya la tragedia de esto el uso que Juan hace del
término
morada (katoiketerion), una palabra usada en alguna otra
parte para indicar el lugar de la Presencia especial de Dios, en el
cielo,
en la santa ciudad, en el templo, y en la Iglesia; "en el lugar (katoiketerion)
de tu morada que tú has preparado, oh Jehová" (Éx.
15:17; comp. 1 Reyes 8:39, 43, 49; 2 Crón. 30:27; Sal. 33:14;
76:2;
107:7; Efe. 2:22). Jerusalén, que había sido la morada de
Dios, ahora se ha convertido en morada inmunda de demonios.
3 El abandono de Israel y la perversión de su llamado
como maestro-sacerdote para las naciones se menciona nuevamente como la
razón de su destrucción (comp. 14:8; 17:2, 4). Ha
fornicado
con las naciones, con los reyes, y con los mercaderes, prostituyendo
sus
dones en vez de guiar a las naciones hacia el reino, uniéndose a
ellas en el intento de derribar al Rey. El énfasis sobre los
mercaderes
más probablemente está relacionado con las actividades
comerciales
alrededor del templo (véase más abajo, sobre 18:11-17a).
La corrupción del comercio en el templo afectó la
liturgia
de la nación. Toda vida fluye del centro religioso de la
cultura;
3
si el núcleo está podrido, la fruta no vale nada. Fue por
esto por lo que Jesús entró en conflicto con los
cambistas
del templo (Mat. 21:12-13; Juan 2:13-22). Observando que muchos de los
negocios pertenecían a la familia del sumo sacerdote, Ford cita
la caracterización que hace Josefo del sumo sacerdote
Ananías
como "el gran procurador del dinero". En particular, "la corte de los
gentiles
parece haber sido escenario de un floreciente comercio en sacrificios
de
animales, posiblemente apoyado por la familia del sumo sacerdote". 4
Esto concordaría con la observación ya hecha, de que
Babilonia
no es ninguna prostituta ordinaria: Su castigo por medio del fuego
indica
que ella es de la clase sacerdotal (véase el comentario sobre
17:16).
4-5 Puesto que Israel debía ser destruído,
los apóstoles pasaron gran parte de su tiempo durante los
últimos
días llamando al pueblo a separarse de él,
urgiéndoles
a que, en su lugar, se unieran a la Iglesia (comp. Hechos 2:37-40;
3:19-26;
4:8-12; 5:27-32). Este es el mensaje de Juan en Apocalipsis. El pueblo
de Dios no debe buscar reformar a Israel, con su nueva religión
del judaísmo, sino que debe abandonarle a su suerte. Los
judíos
habían "probado la buena palabra de Dios y los poderes del siglo
venidero" - la era introducida por el acto redentor de Cristo - y
habían
apostatado. Sería "imposible renovarlos para arrepentimiento".
El
judaísmo - el vano intento de continuar el Antiguo Pacto
mientras
se rechaza a Cristo "está reprobado, próximo a ser
maldecido,
y su fin es el ser quemado" (Heb. 6:4-8). La religión del
Antiguo
Pacto no puede ser revivida; es imposible tener el Pacto sin Cristo. No
puede haber "regreso" a algo que nunca existió, pues aun los
padres
bajo el Antiguo Pacto adoraron a Cristo bajo las señales y los
sellos
de la era provisional (1 Cor. 10:1-4). Ahora que "el siglo venidero" ha
llegado, la salvación es con Cristo y la Iglesia. Sólo la
destrucción espera a los que están identificados con la
ramera:
Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis
partícipes
de sus pecados y no recibáis de sus plagas (comp. Heb. 10:19-39;
12:15-29; 13:10-14). El tiempo para el arrepentimiento de Israel se ha
acabado, y sus pecados se han acumulado [literalmente, se han
adherido]
hasta el cielo (comp. Gén. 19:13; 2 Crón. 28:9; Esdras
9:6;
Jer. 51:9; Jonás 1:2). Jesús había predicho que
esta
generación crucificadora "colmaría la medida de la culpa"
de sus rebeldes padres, y que por eso sobre ellos caería "toda
la
sangre justa que se ha derramado sobre la tierra" (Mat. 23:32-35). Esta
profecía se cumplió dentro del primer siglo, como
observó
Pablo: "Ellos no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres,
impidiéndonos
hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman
ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira
hasta
el extremo" (1 Tesa. 2:15-16).
Por lo tanto, se exigía, no sólo
separación
religiosa - para que no participéis de sus pecados - sino que
era
necesaria también la separación física,
geográfica
(comp. Mat. 24:16-21), para que no recibáis de sus plagas. El
lenguaje
recuerda el llamado de Dios a su pueblo a salir de Babilonia al final
del
cautiverio. Los textos del Antiguo Testamento hablan en términos
de tres ideas: la venidera destrucción de Babilonia, la venidera
redención del fiel pueblo del pacto, y la reconstrucción
del templo (Esdras 1:2-3; Isa. 48:20; 52:11-12; Jer. 50:8; 51:6, 9,
45).
De manera similar, el pueblo del Nuevo Pacto habría de separarse
de Israel. Los perseguidores estaban a punto de sufrir
destrucción
a manos de Dios, la redención de la Iglesia se acercaba (Lucas
21:28,
31), y el Nuevo Templo estaba a punto de ser establecido plenamente.
6-8 El justo Juez exige restitución: Dadle a ella
como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el
cáliz
en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble (comp.
Jer.
50:15, 29; Sal. 137:8; Isa. 40:2). Esta orden, presumiblemente, fue
dada,
o a los ángeles del cielo, o a los ejércitos romanos que
son agentes de la ira de Dios. La expresión traducida
aquí
como pagarle el doble tiene en realidad una duplicación hebraica
del término, proporcionando un "doble testimonio", para
fines
de énfasis: Doble para sus cosas dobles. Esta es la
restitución
ordinaria requerida por la ley bíblica (Éx. 22:4, 7). 5
Por esto, hasta el punto en que ella se glorificó a
sí
misma y vivió sensualmente, hasta ese mismo punto dadle tormento
y luto. En la Biblia, una restitución doble (o múltiple)
no es más de lo que el criminal merece. Es exactamente lo que
merece
- una contabilidad estricta y proporccional de ira según el
principio de la lex talionis de equivalencia de Dios:
"vida
por vida, ojo po ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
quemadura
por quemadura, herida por herida, golpe por golpe" (Éx.
21:23-25).
Este castigo le sobreviene a la ramera porque ella dice
en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no
veré llanto - en paralelo con el alarde de la iglesia
laodicense:
"Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad"
(3:17).
El texto está basado en la condena de Babilonia por parte de
Dios
en Isaías 47:6-11, un pronunciamiento del juicio que
vendría
sobre ella por maltratar al pueblo del pacto:
No les tuviste compasión; sobre el
anciano
agravaste mucho tu yugo. Dijiste: Para siempre seré
señora;
y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería.
Oye,
pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada
confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y
fuera
de mí no hay más; no quedaré viuda, y no
conoceré
orfandad. Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo
día,
orfandad y viudez; en toda su fuerza vendrán sobre tí, a
pesar de la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos.
Porque
te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y
tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón:
Yo
y nadie más. Vendrá, pues, sobre tí mal, cuyo
nacimiento
no sabrás; caerá sobre tí quebrantamiento, el cual
no podrás remediar; y destrucción que no sepas
vendrá
de repente sobre tí.
Jerusalén ha cometido el pecado de Eva, que
fornicó
con el dragón, al buscar hacerse ella Dios (Gén. 3:5);
porque,
cuando ella dice: "Yo soy", contradice la declaración del Dios
Altísimo:
"Yo soy Jehová, y no hay otro Salvador" (Isa. 43:11). Por lo
cual
en un día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y
será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor,
que la juzga. El día del Señor vendría sobre
Israel
en juicio ardiente, trayendo destrucción repentina (1 Tesa.
5:2-3).
Aquí, el término día no significa ninguna
duración
específica de tiempo, sino que se usa para indicar relativa
rapidez,
y para subrayar que la destrucción de Jerusalén no
sería
un suceso al azar: vendría como el día del juicio. Como
hija
del sacerdote que se volvió ramera, sería quemada con
fuego
(Lev. 21:9). Después de que llegó aquel día
terrible,
"no quedó nada para hacer creer a los que iban allí ni
siquiera
de que había estado habitada". 6
Reacciones a la
caída
de Babilonia (18:9-20)
9 Y los reyes de la tierra
que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites,
llorarán
y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su
incendio,
10 parándose lejos por
el
temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de
Babilonia,
la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!
11 Y los mercaderes de la
tierra
lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra
más
sus mercaderías;
12 mercadería de oro, de
plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de
púrpura,
de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de
marfil,
de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de
mármol;
13 y canela, especias
aromáticas,
incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo,
bestias,
ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres.
14 Los frutos codiciados por tu
alma se apartaron de tí, y todas las cosas exquisitas y
espléndidas
te han faltado, y nunca más las hallarás.
15 Los mercaderes de estas
cosas,
que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el
temor de su tormento, llorando y lamentando,
16 y diciendo: ¡Ay, ay,
de
la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de
escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!
17 Porque en una hora han sido
consumidas tantas riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en
naves,
y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos;
18 y viendo el humo de su
incendio,
dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta
gran ciudad?
19 Y echaron polvo sobre sus
cabezas,
y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la
gran
ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se
habían
enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!
20 Alégrate sobre ella,
cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os
ha hecho justicia en ella.
9-10 Tres clases de personas se
lamentan
de la destrucción de Jerusalén. El primer grupo comprende
a los reyes de la tierra, las naciones del imperio que ayudó y
fue
cómplice del infiel pueblo del pacto en su apostasía
contra
Dios. La destrucción de la ramera es para ellos una señal
terrible del riguroso e inexorable juicio de Dios. Ven el humo de su
incendio
- un símbolo que ha sido tomado presstado de la
destrucción
de Sodoma (Gén. 19:28) y la posterior destrucción
metafórica
de la caída de Edom (Isa. 34:10) - y se les recuerda que un
juicio
similar contra ellos no puede tardar. Dios declaró al profeta
Jeremías
que las naciones de la tierra serían obligadas a beber de la
copa
de su ira ardiente: "Y si no quieren tomar la copa de tu mano para
beber,
les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos:
Tenéis que beber. Porque he aquí que a la ciudad en la
cual
es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros
seréis
absueltos? No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos
los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos"
(Jer. 25:28-29).
El lamento de cada grupo termina
con las palabras: ¡Ay, ay, de la gran ciudad! Esta
expresión
resultaría de gran importancia para los que vivieron en
Jerusalén
en los años antes y durante la tribulación. Josefo cuenta
de un profeta judío (es interesante que su nombre fuera
Jesús)
en los últimos días, cuyo lamento de "¡Ay,
ay¡"
se volvió un aspecto familiar de la vida en la ciudad.
Un presagio aún
más alarmante había aparecido cuatro años antes de
la guerra, cuando profunda paz y prosperidad todavía
prevalecían
en la ciudad [es decir, en el año 62 d. C.]. Un tal
Jesús,
hijo de Ananías, un campesino inculto, vino a la fiesta en la
cual
se esperaba que cada judío erigiera un tabernáculo para
Dios
[es decir, la Fiesta de los Tabernáculos, o Sukkoth];
estando
de pie en los atrios del templo, súbitamente comenzó a
exclamar:
"¡Voz desde el oriente, voz desde el occidente, voz desde los
cuatro
vientos, voz contra Jerusalén y el santuario, voz contra el
Esposo
y la Esposa, voz contra todo el pueblo!" Día y noche expresaba
su
lamento, mientras iba por todos los callejones.
Algunos de los principales ciudadanos,
sumamente molestos por estos ominosos pronunciamientos, echaron mano
del
hombre y le golpearon salvajemente. Pero él, sin pronunciar ni
una
sola palabra en su propia defensa, ni para información privada
de
los que le golpeaban, persistía en hacer las mismas
amonestaciones
que antes. Por consiguiente, los magistrados, entendiendo correctamente
que algún impulso sobrenatural era la causa de su conducta, le
llevaron
con el gobernador romano. Allí, aunque flagelado con
látigos
hasta dejar al descubierto sus huesos, ni imploró misericordia,
ni derramó una sola lágrima, sino que, alzando su voz
hasta
convertirla en un grito extremadamente lúgubre, respondía
a cada golpe con las palabras: "¡Ay, ay, de Jerusalén!"
Cuando
Albino, el gobernador, le preguntó quién era, de
dónde
venía, y por qué clamaba de esta manera, no
respondió
en absoluto, sino que incesantemente repetía su endecha por la
ciudad,
hasta que Albino le soltó, juzgándole loco.
Durante todo este tiempo, hasta
que estalló la guerra, nunca se acercó a ningún
otro
ciudadano, ni se le vio hablando con ninguno, sino que, diariamente,
como
una oración que hubiese memorizado, recitaba su lamento:
"¡Ay,
ay de Jerusalén!" Nunca maldijo a ninguno de los que le
golpeaban
día tras día, ni dio las gracias a los que le daban
alimento;
su única respuesta para cualquier persona era su
melancólica
predicción.
Su
voz se oía sobre todo
en los festivales. Así, durante siete años y cinco meses,
continuó su lamento, permaneciendo su voz tan fuerte como
siempre
y su vigor constante, hasta que, durante el sitio, después de
ver
el cumplimiento de su presagio, fue silenciado. Estaba yendo de una
parte
para otra, gritando con tono de voz penetrante desde el muro:
"¡Ay,
ay, una vez más contra la ciudad, y el pueblo, y el templo!"
Entonces,
cuando añadió una última palabra - "¡Y ay de
mí también!" - una piedra lanzada desde una catapulta le
golpeó, matándole en el acto. Así, con esos mismos
presagios todavía en sus labios, encontró su fin. 7
11-17a El segundo y mayor grupo de
plañideros consiste de los mercaderes de la tierra, llorando
porque
nadie compra más sus mercaderías. La riqueza de
Jerusalén
era resultado directo de las bendiciones prometidas en Levítico
26 y Deuteronomio 28. Dios la había hecho un gran centro
comercial,
pero ella había abusado del don. Aunque hay similitudes entre la
lista de mercaderías aquí y las de Ezequiel 27:12-24 (una
profecía contra Tiro), es probable que los artículos
reflejan
principalmente el templo y el comercio que lo rodeaba. Ford observa que
"el comercio exterior tenía gran influencia sobre la ciudad
santa,
y al templo le tocaba la mayor parte. Los artículos principales
eran productos alimenticios, metales preciosos, artículos de
lujo,
y materiales de vestir". 8
Josefo describió la lujosa riqueza de la fachada del templo
(comp.
Lucas 21:5): "La primera entrada medía 70 codos de altura y 25
de
anchura; no tenía puertas, y exhibía sin estorbos la
vasta
expansión del cielo; el frente entero estaba cubierto de oro; a
través de él el arco del primer atrio era plenamente
visible
en toda su grandeza para cualquier observador, y los alrededores de la
entrada interior, todos ellos resplandecientes de oro, llamaban la
atención
del que los contemplara. ... La entrada que conducía hacia
dentro
del edificio estaba, como he dicho, completamente recubierta de oro,
igual
que la pared entera que la rodeaba. Por encima de ella, además,
estaban las parras, de oro, de las cuales colgaban racimos de uvas de
la
altura de un hombre. En frente de los racimos colgaba un velo de igual
longitud, de tapiz babilónico, bordado en azul, escarlata, y
púrpura,
y lino fino, trabajado con maravillosa destreza. ... El exterior del
santuario
no carecía de nada que no pudiera asombrar la mente o los ojos.
Revestido por todos lados con macizas planchas de oro, reflejaba los
primeros
rayos del sol con un resplandor tan fuerte que los que lo miraban se
veían
obligados a apartar los ojos, como si estuvieran mirando los mismos
rayos
del sol. Al acercarse los desconocidos, se les asemejaba, en la
distancia,
una montaña cubierta de nieve; pues cualquier parte que no
estuviera
cubierta de oro era del blanco más puro". 9
Josefo también registra el
hecho de que uno de los sacerdotes, llamado Jesús,
entregó
a Tito los tesoros del templo: "Salió, y entregó, de
sobre
el muro del santuario, dos candelabros parecidos a los que estaban
depositados
en el santuario, así como mesas, fuentes, platos, todos de oro
sólido
y muy pesados. También entregó las cortinas, las
vestimentas
de los sumos sacerdotes, cuajadas de piedras preciosas, y una multitud
de otros objetos requeridos para el servicio en el templo.
Además,
el tesorero del templo, de nombre Fineas, cuando fue tomado prisionero,
reveló dónde estaban las túnicas y los cinturones
de los sacerdotes, una gran provisión de púrpura y
escarlata
que se guardaban para reparar la cortina del templo, junto con una gran
provisión de canela y casia y una multitud de otras especias,
que
eran mezcladas y quemadas diariamente como incienso para Dios.
Entregó
muchos otros tesoros, con una abundancia de ornamentos sagrados". ... 10
En medio de un extenso pasaje en
que describe el intenso comercio en Jerusalén, Edersheim
informa:
"En estas calles y veredas, se podía comprar de todo: la
producción
de Palestina, o la importada de tierras extranjeras - más
aún,
los artículos más raros de las partes más remotas.
Copas y anillos, exquisitamente formados, curiosamente
diseñados,
y cubiertos de joyas, así como otras artesanías de
metales
preciosos; vidrio, sedas, lino fino, artículos de lana,
púrpura,
y costosas colgaduras; esencias, ungüentos, y perfumes, tan
preciosos
como el oro; artículos de comer y beber de tierras extranjeras -
resumiendo, lo que producían la India, Persia, Arabia, Media,
Egipto,
Italia, Grecia, y hasta las lejanas tierras de los gentiles
podía
obtenerse en estos bazares. Los antiguos escritos judíos nos
permiten
identificar no menos de 118 diferentes artículos importados del
extranjero, y que cubrían aún más de lo que ha
inventado
el lujo moderno". 11
La lista de artículos de
comercio de Juan se divide en varias secciones, generalmente de cuatro
artículos cada una; la prosaica y práctica
enumeración
concluye con una sorpresa:
1) oro, plata, piedras
preciosas, y perlas;
2) lino fino, púrpura,
seda,
y escarlata; 12
3) toda madera olorosa, todo
objeto
de marfil, todo objeto de madera
preciosa,
cobre,
hierro, y mármol;
4) canela, especies
aromáticas,
incienso, mirra, olíbano;
5) vino, aceite, flor de
harina,
trigo;
6) bestias, ovejas, caballos y
carros, esclavos,
7) almas de hombres.
La frase final, adaptada de la
descripción
del tráfico de esclavos en Ezequiel 27:13, se aplica a la
esclavitud
espiritual de las almas de los hombres. Como observaba Pablo en su
contraste
entre la Jerusalén terrenal y apóstata, y la Iglesia, la
celestial ciudad de Dios: "La Jerusalén actual ... junto con sus
hijos, está en esclavitud", mientras "la Jerusalén de
arriba,
la cual es madre de todos nosotros, es libre" (Gál. 4:25-26).
Jerusalén
traficaba en muchas mercaderías, que venían desde todas
partes
del mundo. A tono con las promesas de Levítico 26 y Deuteronomio
28, Dios la había hecho un gran centro comercial. Pero ella
abusó
de los dones de Dios: Su comercio más básico era en almas
humanas. En vez de cumplir su función propia como la madre de
toda
la humanidad, se prostituyó, y condujo a sus hijos a la
esclavitud
demoníaca, a la opresión estatista, y finalmente a la
aniquilación.
Brevemente, la narración
se vuelve para dirigirse a Jerusalén misma: Los frutos
codiciados
por tu alma se apartaron de tí, y todas las cosas exquisitas y
espléndidas
te han faltado, y nunca más las hallarás. Prestando
oídos
a la Serpiente y buscando ser como Dios, la Esposa apostató, y
así
perdió acceso al fruto que ella deseaba [comp. Mat. 21:19, 43];
separada del árbol de la vida, perdió también las
otras bendiciones del jardín, "todas las cosas exquisitas y
espléndidas".
Los mercaderes de Israel se
habían
enriquecido, espiritual y (por lo tanto) materialmente, a causa de su
relación
con Jerusalén; ahora, a la vista de su destrucción, son
incapaces
de hacer nada, excepto llorar y lamentarse por la gran ciudad, la que
se
vestía de lino fino y púrpura y escarlata, y se adornaba
de oro y piedras preciosas y perlas. Nuevamente, la descripción
de la ciudad-ramera indica su identidad como la Jerusalén
apóstata,
ataviada con la gloria del Templo y vestida en el lino fino de la
Esposa
justa (19:8). Los que se han aprovechado de las riquezas de
Jerusalén
se sorprenden de lo súbito de su destrucción:
¡porque
en una hora esta gran riqueza ha sido desolada! Como ya a estas alturas
deberíamos esperar, la expresión traducida como desolada
es la prometida desolación de Jerusalén (Mat.
23:38;
24:15, etc.) la que se describe. El término "hora" no debe
tomarse
en un sentido literal aquí, más que en otros usos
metafóricos
de la palabra; más bien, es usada a menudo, especialmente en
Juan,
para referirse a un momento crítico en particular (comp. Mat.
25:13;
Mar. 14:41; Juan 2:4; 5:25, 28; 7:30; 8:20; 12:23; 17:1; 1 Juan 2:18).
Hay, sin embargo, el sentido de rapidez. La destrucción de
Jerusalén
fue súbita, y hasta inesperada: hasta el mismo fin, el pueblo
esperaba
una liberación milagrosa. El mundo del judaísmo
apóstata
quedó perplejo ante la desolación de la ciudad y del
templo.
La caída de Jerusalén fue una sacudida para el sistema,
de
la cual nunca se ha recuperado.
17b-19 El tercer grupo que se lamenta
por la ciudad caída está compuesto por todo piloto, y
todos
los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el
mar.
Ellos también lamentan la pérdida de Jerusalén,
porque
todos los que tenían barcos en el mar se enriquecieron con la
riqueza
de ella. Obviamente, la inversión en la economía de
Israel
cesó de ser lucrativa después del año 70 d. C.,
pero
parece probable que el lamento de los "marineros" apunte a las naciones
del mundo (de las cuales los marinos serían representantes, en
todo
caso).
Ya Juan ha hablado del mar en
relación
con la gran ciudad: las aguas, sobre las cuales la ramera se sienta a
horcajadas
en la bestia, "son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" (17:15).
Juan ha enumerado también tres clases de personas afectadas por
la destrucción de la ramera: "los reyes de la tierra", "los
mercaderes
de la tierra", y "todos los que tenían naves en el mar". Estos
parecen
corresponder a la triple designación de los que habían
sido
corrompidos por la ramera, según el versículo 3: todas
las naciones ... los reyes de la tierra ... los
mercaderes
de la tierra. "Los que viajan en naves, los que trabajan en el mar"
debieron haber sido instruídos en los caminos del Señor,
para que pudiesen invocarle en su angustia, para que Él pudiese
mostrarles la misericordia de su pacto (Sal. 107:23-32). Y en realidad,
cuando Israel andaba en la dignidad de su llamado, el mundo entero se
enriqueció
con su riqueza: había sido "guía de los ciegos, luz de
los
que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de
niños,
que tiene en la ley la forma de la ciencia y la verdad" (Rom. 2:19-20).
Cuando Israel estaba en comunión con Dios, y bajo su
bendición
espiritual y material, las naciones habían venido a él en
busca tanto de sabiduría como de comercio (Deut. 28:12; 1 Reyes
10:23-25). Sin embargo, en apostasía el comercio se
convirtió
en trampa, un medio de fornicar con idólatras, e Israel
corrompió,
no sólo a sus propios hijos, sino también a las naciones
del mundo. Israel se había arrogado los honores de la deidad, de
manera que los marineros exclamaron: ¿Quién como la Gran
Ciudad? (comp. la exclamación de los adoradores en 13:4:
"¿Quién
como la bestia?"). Pero, porque ella había dicho en su
corazón:
"Subiré al cielo.... Seré semejante al Altísimo",
Jerusalén fue lanzada al infierno (Isa. 14:13-15). En una hora
fue
desolada, para no volver a ser la Gran Ciudad nunca más.
20 Hay una cuarta respuesta a la
caída de Jerusalén: la de la Iglesia. El pueblo de Dios
es
instruído por el ángel para que se regocije por ello. La
Iglesia que moraba en el cielo como en un tabernáculo - santos y
apóstoles y profetas - había orado pidiendo la
destrucción
de la ciudad apóstata y demonizada que condujo al mundo en
rebelión
contra Dios y a la persecución de sus hijos. Al ascender al
cielo
el humo del holocausto entero, los santos han de regocijarse de que sus
oraciones han sido contestadas: ¡Dios os ha hecho justicia en
ella!,
anuncia el ángel, empleando un pleonasmo hebraico para expresar
el "doble testimonio" del divino tribunal contra ella. Nuevamente
encontramos
que la imagen bíblica de la Iglesia, que tiene su morada en el
cielo,
está firme en su oposición al mal, orando a Dios para que
vindique a su pueblo en la tierra. Nótese bien: el juicio sobre
la ramera es llamado el juicio tuyo, el juicio de la Iglesia. Era la
justa
retribución de Israel por su opresión de los santos, los
apóstoles, y los profetas a través de la historia, y que
culminó en los últimos días en su guerra contra
Cristo
y su Iglesia. Era ella la que había inspirado la
persecución
de los cristianos por parte de los romanos; pero, en su lugar, la ira
de
los paganos, que ella había atizado, había sido derramada
sobre su cabeza. Si la Iglesia de nuestro tiempo ha de proceder de
victoria
en victoria, como lo hizo la Iglesia en la era apostólica, debe
recuperar la perspectiva triunfalista de los primeros santos. La
Iglesia
debe orar por la derrota de sus enemigos - una derrota que debe ocurrir
bien por conversión o por destrucción. Estamos en guerra,
una guerra en la cual la victoria definitiva ha sido obtenida por
nuestro
Rey. Toda la historia es ahora una operación de limpieza en
términos
de esa victoria, esperando la conversión del mundo y la derrota
de la misma muerte. Nuestra oposición está condenada a
perecer,
y la Iglesia está llamada a regocijarse en el conocimiento
cierto
de su vindicación terrenal y su triunfo final.
Babilonia
derribada (18:21-24)
21 Y un ángel poderoso
tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la
arrojó
en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada
Babilonia,
la gran ciudad, y nunca más será hallada.
22 Y voz de arpistas, voz de
músicos,
de flautistas y de trompeteros no se oirá más en
tí;
y ningún artífice de oficio alguno se hallará
más
en tí, ni ruido de molino se oirá más en tí.
23 Luz de lámpara no
alumbrará
más en tí, ni voz de esposo y de esposa se oirá
más
en tí; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues
por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.
24 Y en ella se halló la
sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido
muertos
en la tierra.
21 Jesús había dado
instrucciones
a sus discípulos a que oraran para que la montaña de
Jerusalén
fuera lanzada al mar (Mat. 21:21); Él había advertido a
los
fariseos que al que se opusiera al evangelio e impidiera que los
"pequeñitos"
lo recibieran más le valdría "que se colgara al cuello
una
piedra de molino y fuera echado al mar" (Lucas 17:2; comp. Mat. 18:6;
Mar.
9:42). Aquí, en lenguaje similar, la destrucción de
Jerusalén
es representada simbólicamente por la dramática
acción
de un ángel fuerte, la tercera y final ocurrencia de esta
expresión
en Apocalipsis. En la primera (5:2), se le oye llamar a alguien para
que
abra el libro declarando los juicios del pacto de Dios contra
Jerusalén;
en la segunda (10:1ss.), se lo ve como testigo de la nueva
creación,
sosteniendo el "librito" que hablaba del Nuevo Pacto y del papel de la
Iglesia en la historia de la redención, en la
"consumación"
del "misterio de Dios" en los últimos días. Una
expresión
relacionada se usa en 18:1-2, donde un ángel de "voz potente"
anuncia
la condena final de Babilonia. Ahora, en cumplimiento de todo esto, el
ángel poderoso arroja en el mar una gran piedra. Toda la
productividad
(la piedra de molino) desaparece (comp. v. 23); en contraste con la
Iglesia
(1 Cor. 15:58), los trabajos de Jerusalén han sido en vano. Ella
y sus obras son lanzadas al abismo. El trasfondo de esta imagen en el
Antiguo
Testamento viene de la destrucción de los egipcios en el Mar
Rojo,
según el cántico de Moisés en la orilla, repetido
por el cántico de los levitas al regreso del cautiverio
babilónico:
Jehová es varón
de guerra; Jehová es su nombre. Echó en el mar los carros
de Faraón y su ejército; y sus capitanes escogidos fueron
hundidos en el Mar Rojo. Los abismos los cubrieron; descendieron a las
profundidades como piedra. ... Soplaste con tu viento; los
cubrió
el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. (Éx.
15:3-5,
10).
Y
miraste la aflicción de
nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar
Rojo... Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de
él
en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una
piedra
en profundas aguas. (Neh. 9:9-11).
El símbolo se basa
también
en el drama profético representado por Seraías, el
mensajero
de juicio de Jeremías (Jer. 51:61-64). Después de leer la
profecía de la "perpetua desolación" de Babilonia,
ató
el libro a una piedra y lo echó en el Eufrates, declarando:
"Así
se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo
traigo
sobre ella...". Aplicando las palabras de Seraías a la ramera,
el
ángel dice: Con el mismo ímpetu será derribada
Babilonia,
la gran ciudad, y nunca más será hallada.
¿Cómo
se cumplió esto en el año 70 d. C. si "Jerusalén"
está todavía en pie en el siglo veinte? Por supuesto, en
un sentido físico, Jerusalén no fue destruída para
siempre en el año 70 d. C., no más de lo que
Babilonia
o Edom o Egipto fueron destruídos "para siempre". Pero la
profecía
está orientada pactal y éticamente; no se ocupa
principalmente
de la geografía como tal. Por ejemplo, considérese la
profecía
de Isaías contra Edom:
Y sus arroyos se
convertirán
en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. No se
apagará
de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo; de
generación
en generación será asolada, nunca más
pasará
nadie por ella. (Isa. 34:9-10).
Este es lenguaje evocativo, que asocia
la desolación de Edom con la destrucción de Sodoma y
Gomorra.
En un sentido "literal", físico, la profecía no se
cumplió;
pero se ha cumplido, en términos de su real significado e
intención.
El antiguo territorio de Edom todavía tiene árboles y
flores,
algunas porciones del país son usadas como tierras de cultivo, y
los viajeros continúan pasando a través de él.
Como
observó Patrick Fairbarn: "Edom habría de ser golpeada
por
la pobreza y la ruina. Sin embargo, no simplemente, ni principalmente,
como territorio, sino como pueblo. Esto fue lo que la profecía
predijo,
y ha sido ampliamente verificado... El Edom de la profecía - El
Edom considerado como enemigo de Dios, y rival de Israel - ha perecido
para siempre; en ese respecto, todo es desierto no hollado, una ruina
sin
esperanza; y allí, la veracidad de la palabra de Dios encuentra
su justificación". 13
Fairbarn ha explicado cómo
Edom fue usado en el simbolismo profético: "En las
últimas
etapas de la historia de Israel, los edomitas superaron a todos sus
enemigos
en la agudeza e intensidad de su maldad; por esta razón,
vinieron
naturalmente a ser vistos por el espíritu de profecía
como
la personificación de esa impía malignidad y ese
impío
orgullo que no se satisfarían con nada menos que con el completo
exterminio de la causa de Dios - los dirigentes y representantes del
ejército
entero de los extranjeros, cuyo destino era llevar con él la
caída
y la destrucción de todo lo que se oponía y se exaltaba a
sí mismo contra el conocimiento de Dios. Este es manifiestamente
el aspecto del asunto presentado en el versículo 15 de la
profecía
de Abdías; la suerte de todos los paganos está unida a la
de Edom:
Porque cercano
está
el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú
hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu
cabeza;
- esto es, en Edom, la quintaesencia
del paganismo, todo el paganismo habría de recibir, por decirlo
así, su golpe de muerte". 14
Además, el profeta Amós
predijo la subyugación de "Edom" bajo el gobierno de la casa de
David (Amós 9:11-12), y la interpretación de este texto
en
el Nuevo Testamento lo explica como una profecía de la
conversión
de las naciones bajo el gobierno de Cristo (Hechos 15:14-19). "Esto
implica
claramente que el Edom de la profecía, que estaba condenado a
una
total postración y una ruina eterna, es sólo el Edom de
la
hostilidad encarnizada e implacable hacia la causa y el pueblo de Dios;
que en la medida en que los hijos de Edom cesaran en esto, y entraran
en
una relación amistosa con el pacto de Dios, y se sometieran al
yugo
de soberanía universal confiada a la casa de David, en vez de
romperlo,
como antaño, en sus cuellos, participarían en la
bendición,
y sus intereses se fundirían con los del pueblo en el cual Dios
puso su nombre para hacerles bien. Una promesa y una esperanza como
esta
jamás puede hacerse armonizar con el resultado que se obtiene de
los juicios predichos sobre Edom, como dice el estilo de
interpretación
estrictamente literal; porque, según esto, no debería
haber
remanente para ser poseído, ninguna simiente ni lugar de
bendición,
conectados con Edom, sino una horrorosa escena de esterilidad,
desolación,
y maldición". 15
De manera similar, la
desolación
de Jerusalén "para siempre" significa que Israel, como el
pueblo del pacto, dejará de existir. Jerusalén - como la
Gran
Ciudad, la Santa Ciudad - no se hallará
más.
16
Es cierto que, como muestra Romanos claramente, los descendientes de
Abraham
serán injertados en el pacto nuevamente. 17
Pero ellos no serán una nación distinta,
santa,
de sacerdotes especiales. Se unirán a los pueblos del mundo en
la
multitud de los salvados, sin ninguna distinción (Isa.19:19-25).
Por medio de su obra consumada, Cristo "de ambos pueblos [creyentes
hebreos
y gentiles] hizo uno" (Efe. 2:14). Han sido unidos "en un solo cuerpo",
la Iglesia (Efe. 2:16). Hay una salvación y una Iglesia, en la
cual
todos los creyentes, sin importar su herencia étnica, vienen a
ser
hijos de Dios y herederos de las promesas hechas a Abraham (Gál.
3:26-29; comp. Efe. 2:11-22). La antigua Jerusalén, la ramera
apóstata,
ha sido reemplazada por la nueva Jerusalén, la Esposa pura de
Cristo.
No hay salvación fuera de la Iglesia.
22-23 Como una indicación
adicional de que la posición pactal de la ramera ha sido
eliminada,
el ángel anuncia que las bendiciones del jardín de
Edén
serán quitadas para siempre. Aludiendo tanto a las
profecías
de Jeremías contra la rebelde Jerusalén de su tiempo
(Jer.
7:34; 16:9; 25:10; comp. 24:7-12), como a la profecía de
Ezequiel
contra el rey de Tiro (Eze. 28:11-19), el ángel pronuncia la
suerte
de la ciudad en cinco partes:
Primera,
hay una descripción cuádruple de la pérdida
de la música por toda la tierra: Y voz de arpistas, de
músicos,
de flautistas y de trompeteros no se oirá más en
tí
(comp. la mención de "tamboriles" y "flautas" en Eze. 28:13
[margen]).
Segunda,
la productividad de la tierra desaparece, pues el trabajador
será
tomado de Israel y echado en el abismo: Ningún artífice
de
oficio alguno se hallará más en tí. Según
Zacarías,
la tiranía de las naciones paganas sobre Israel sería
restringida
por sus artífices (Zac. 1:18-21). Pero, para el Israel
apóstata,
este baluarte contra la opresión ya no existirá
más.
El
ítem tercero e intermedio de la lista es significativo: Ni ruido
de molino se oirá más en ti. A través del mundo
antiguo,
la imagen del molino era símbolo de la fundación del
cosmos,
que al funcionar producía paz y prosperidad; la
destrucción
del molino significa el fin de la era. 18
La centralidad del molino en este pasaje puede indicar que el templo,
como
el molino que sostiene el mundo, ha de ser destruído; Cristo ha
introducido la era final.
Cuarta,
Israel sufrirá la pérdida de la palabra de Dios,
del discernimiento y la sabiduría, y de la esperanza
escatológica:
Luz de lámpara no alumbrará más en ti.
Quinta,
el resumen de la desolación de Israel es que, como la esposa
infiel, la ramera, ha sido echada fuera y reemplazada por otra: Voz de
Esposo y de Esposa no se oirá más en ti.
Estos cinco puntos marcan varias
características importantes del templo de Jerusalén:
1. Música
- la orquesta y el coro levíticos (11 Crón. 25).
2. Artífices
- comp. Bezalel, Aholiab, Hiram, etc. (&Eaccute;x. 31:1-11;
1 Reyes 5).
3.
Molino -
el templo mismo (la "era"; 2 Crón. 3:1).
4. Lámpara
-
los candelabros (Éx. 25:31-40; 2 Crón. 4:19-22).
5. Matrimonio
- el matrimonio del Señor con Israell (Eze. 16:1-14).
Se dice que la desolación de
Jerusalén cayó sobre ella por dos razones. Primera, sus
mercaderes
eran los grandes de la tierra. Esto no debería parecer
extraño
a primera vista; algo muy parecido podría decirse de cualquier
ciudad
en la historia. En cualquier economía próspera, los
mercaderes
serán prominentes. Pero, en fin de cuentas, ¿en
qué
comerciaban los mercaderes? Almas de hombres (v. 13). Como Jesús
había tronado a los "grandes de la tierra": "¡Ay de
vosotros,
escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y
tierra
para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos
veces
más hijo del infierno que vosotros" (Mat. 23:15).
La segunda razón para el
castigo de Jerusalén emana de la primera: Todas las naciones
fueron
engañadas por vuestra hechicería. Israel había
sido
sacerdote para las naciones del mundo, ordenado tanto para traerles la
luz de la salvación como para ofrecer sacrificios a favor de
ellos.
Esto debería haber culminado con la presentación de
Cristo
a las naciones como la luz del mundo y el verdadero sacrificio por sus
pecados. En vez de eso, Israel rechazó a Cristo, la suma y la
substancia
de la religión bíblica. Al intentar retener la estructura
formal del Antiguo Pacto en su rechazo del Nuevo, Israel creó en
esencia una religión híbrida de oculto satanismo y
estatismo.
19
Y fue hecho trizas por sus propios dioses.
24 En este versículo, Juan
proporciona una pista final de la identidad de la ramera, confirmando
nuestra
interpretación de que ella representa a Jerusalén: En
ella
se encontró la sangre de los profetas y de los santos y de todos
los que han sido muertos en la tierra. Esta es una clara alusión
de Cristo a la condena de Jerusalén, al final de su discurso en
el Templo:
Por tanto, he
aquí
que yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos
mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en
vuestras
sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga
sobre
vosotros toda la sangre justa que se ha derramado
sobre
la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de
Zacarías hijo de Berequías, a quien matásteis
entre
el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá
sobre
esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén,
que
matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! (Mat.
23:34-37).
Este lenguaje no puede ser usado para
hablar de Roma ni de ninguna otra ciudad. Sólo Jerusalén
era culpable de "toda la sangre justa que se ha derramado sobre la
tierra",
desde Abel en adelante. Históricamente, fue Jerusalén la
que siempre había sido la gran ramera, apostatando
constantemente
y persiguiendo a los profetas (Hechos 7:51-52); Jerusalén fue el
lugar donde los profetas fueron muertos: como dijo Jesús mismo:
"No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén,
Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son
enviados! (Lucas 13:33-34). La "Demanda de Pacto" de Juan era verdadera
y efectiva. Jerusalén fue encontrada culpable de todos los
cargos,
y desde el año 66 hasta el año 70 d. C., sufrió
los
"días de retribución", el derramamiento de la ira de Dios
por haber derramado sangre inocente durante siglos.
Notas:
1.
Véase la discusión de este punto
en la obra de Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus (Grand
Rapids:
william B. Eerdmans Publishing Co., 1979, pp. 231, 234s, 243.
2.
Esto no debía interpretarse como sacrificio
al demonio mismo (Lev. 17:7). Siglos más tarde, el
apóstata
Israel del norte bajo Jeroboam en efecto rindió culto a este
macho
cabrío (2 Crón. 11:15).
3.
Véase, de Henry R. Van Til, The Calvinistic
Concept of Culture (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed
Publishing
Co., 1959); Abraham Kuyper, Lectures on Calvinism (Grand
Rapids:
William B. Eerdmans Publishing Co., 1931).
4.
J. Massyngberde Ford, Revelation: Introduction,
Translation, and Commentary (Garden City: Doubleday and Co., 1975),
pp.
301s.
5. Comp. la declaración de juicio de Dios
contra Judá: "Pero primero pagaré al doble su
iniquidad
y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de
sus ídolos, y de sus abominaciones llenaron mi heredad"
(Jer.
16:18); "Trae sobre ellos día malo, y quebrántalos con doble
quebrantamiento" (Jer. 17:18). Contrástese esto con Isa. 40:2:
"Hablad
al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es
ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la
mano
de Jehová por todos sus pecados". Sobre el pleonasmo como doble
testigo, véase, de James B. Jordan, The Law of the Covenant:
An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian
Economics,
1984), pp. 96, 106; sobre las leyes de restitución,
véanse
las pp. 134ss.
6.
Josephus, The Jewish War, vii.i.1.
7.
Josephus, The Jewish War, vi.v.3.
8.
Ford, p. 305.
9.
Josephus, The Jewish War, v.v.4, 6.
10.
Ibid., vi.viii.3.
11.
Alfred Edersheim, The Life and Times of
Jesus the Messiah, dos vols. (McLean, VA: MacDonald Publishing Co.,
n.d.), Vol. 1, p. 116.
12.
Como se mencionó antes (sobre 17:4),
esto puede ser muy bien una referencia a la cortina del Templo, un
"tapiz
babilónico bordado en azul, escarlata, y púrpura, y lino
fino, trabajado con maravillosa destreza". Josephus, The Jewish
War,
v.v.4.
13.
Patrick Fairbairn, The Interpretation of
Prophecy (London: The Banner of Truth Trust, [1865] 1964), p. 221.
14.
Ibid., pp. 221s.
15.
Ibid., pp. 224s.
16.
Esta expresión se usa seis veces en
los versículos 21-23, connotando el hecho de que
Jerusalén
es deficiente - que, como la antigua Babilonia, ha sido pesada en
balanza
y ha sido hallada falta, y está a punto de ser derribada,y su
reino
dado a otros (Dan. 5:25-28).
17.
Véase, de David Chilton, Paradise
Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion
Press, 1985), pp. 125-131.
18.
Véase de Giorgio de Santillana y Hertha
von Dechend, Hamlet´s Mill: An Essay on Myth and the Frame of
Time (Ipswich: Gambit, 1969). Sobre el simbolismo de Sansón
moliendo en el molino (Jueces 16:21), véase de James B. Jordan,
Judges:
God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries,
1985),
p. 273.
19.
Sobre la íntima relación entre
el ocultismo y el estatismo, véase de Gary North, Unholy
Spirits:
Ocultismo and New Age Humanism (Ft. Worth, TX; Dominion Press,
1986).